Javier Cámara | Martes 08 de abril de 2008
Agua bendita, que dice mi abuela, que de esto de esperar que caiga del cielo sabe un rato. Parece, por fin, que se han escuchado las oraciones, las plegarias y las promesas que creyentes, y no, han dedicado estos últimos días al Altísimo para que llueva.
De esta forma podemos pensar que quizá consigamos algo, aunque sea únicamente bajo criterio divino, porque si tenemos que esperar a que este Gobierno haga por que no nos muramos de sed, nos puede llegar el día del juicio final. De momento, sólo nos cabe esperar a que llueva.
No es que este Ministerio de Medio Ambiente no haya terminado más que una desaladora (la gran solución) de todas las prometidas, es que no se ha hecho nada. Hasta treinta proyectos para la disponibilidad de recursos hídricos iban a sustituir al derogado trasvase del Ebro, pero sólo la planta de Marbella parece que funciona.
Desde luego que Zapatero se está convirtiendo en el mejor valedor de la Ley de Memoria Histórica. ¡Pues no nos estamos acordando de Franco y sus pantanos! ¿Y Borrell, dónde quedó? Porque este también apoyaba los trasvases.
Ahora andan a la gresca los socialistas de uno y otro bando (los del centro y los de allá arriba) con un trasvase, necesario, que el Ejecutivo central se niega a autorizar por principios. ¿Pero a quién se le ocurre que pueda dar por bueno un proyecto para Cataluña cuando se lo han negado a media España? No hombre, no, de trasvases nada, le pondremos otro nombre, que de eso en la factoría de Ferraz saben mucho, y lo damos por bueno.
Esta sequía que nos acucia deja en evidencia una inexistente política del agua que permite que se derroche cuando hay riadas e inundaciones, como las de hace unas semanas en el Ebro, en las que se perdían (y se siguen perdiendo) millones de metros cúbicos al mar. Pero a algunos parece que les da igual que no haya ni para lavarse las manos, mientras puedan seguir poniendo el cazo. A éstos, a los del PER, los del canon, los de la ceja, los de los medios de comunicación afines (que son legión), no les importa porque sería “mojarse” políticamente hablando.
Y digo yo, ayudemos a Zapatero con los problemas del agua, convoquemos un concurso de ideas. Lo cierto es que la ministra Narbona ya propuso en su momento no lavarse. También podemos multar a todos los que laven alfombras. ¿Qué tal 3.000 euros de multa? Casi mejor ducharse con Perrier.
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