Opinión

La pseudoizquierda mexicana frustrada

Marcos Marín Amezcua | Martes 13 de diciembre de 2011
La izquierda va mal y de malas en España y en México. Aquí Marcelo Ebrard el alcalde de Ciudad de México, ha perdido la batalla. Según encuesta definitoria, no será el candidato de las “izquierdas” a la presidencia de México en 2012, pasando grueso y aguantándose. Los consultados prefirieron a Andrés Manuel López Obrador, ya ungido. Y me temo que al alcalde se le cayó el teatro, no le funcionó la estrategia de repetir a mañana, tarde y noche que él era de izquierdas, que él era congruente y que él era estupendo, pues parece que los encuestados no opinan igual. No puedes engañar a todos, todo el tiempo. Así de simple y yo canturreo el delicioso estribillo jocoso de la famosa zarzuela «El Bateo»: “el día que yo gobierne si es que llego a gobernar…”. Y todo le pasó por no atender lo urgente y mejor entregarse al retozo. Quizás un día sí gane.

El alcalde ha resistido la tentación de irse o de romper con la izquierda. Y claro que por fortuna no hablo de una persona de izquierda, pues nunca lo ha sido. La izquierda puede estar tranquila, que Ebrard jamás ha sido uno de los suyos. De verdad. Si en algo los deja dormir mis palabras, que sea por saber que no los afecta una suerte de intruso simulador. Que no nos extrañe el resultado que obtuvo. Nunca se sabe que pasará mañana pero al menos esta vez, no será candidato y no cómo lo quiso ser. Lástima de tanta chulería, lástima de ropita.

Repararé en la nula congruencia que esgrime un sujeto siempre incongruente que nos la canta cuanto puede y que ha trabajado para al menos ¡cinco partidos políticos distintos! ¡adversarios ideológicamente! cambiando de chaqueta una y otra vez. Si de congruencias hablamos, da mucho qué pensar. Todo esto no sería trascendente si no fuera porque el sujeto de marras ha sufragado todo su proyecto personal, ahora derrotado, y su mucha palabrería, con dinero público y de pasada en consecuencia, para alcanzarlo, ha colocado a sus gobernados un día sí y otro también en menudos predicamentos ya como rehenes, ya secuestrados y condenados a aguantar la pasarela de ocurrencias, disparates, megalomanías, frivolidades, improvisaciones, arrebatos, dislates jurídicos, desplantes y su actuar como alcalde en aras no de servir en beneficio del capitalino, sino para apuntalar sus ambiciones personales y esto no debemos de perderlo de vista. Solo trabajó para ser presidente. Un caprichito soportado en decirnos alardeando y lo asegura, nos lo jura y nos lo repite sin cesar, que él es de izquierda, cosa dudosa, pues olvida que por solo decirlo o por usar siempre corbata amarilla (el color de su partido actual de izquierdas), ni de broma lo convierte en ello. ¡Qué manera de perjudicar a la izquierda real!

Y así es. Lamentablemente las mejores intenciones de todo su aparato de gobierno, de todo su programa o de sus anuncios grandilocuentes, quedaron opacadas y como mera simulación o medias verdades, gracias a sus pretensiones ególatras y a sus ambiciones personales de ser presidente, que nada tenían que ver con el bienestar de los ciudadanos. Por eso mismo todo ha sido sospechoso de hacerse solo para apuntalar su candidatura. Así las cosas, su fracaso es más atronador. Qué desastre que tanta faramalla y tanta chulería que han aguantado los capitalinos, sirviera para nada. No me casa que si de verdad es tan bueno, las oposiciones políticas en la capital mexicana sumen ya 56% de intención del voto en contra del partido del alcalde maravilla. “Inexplicable”. Y quizás es muy explicable: no atendió prioridades, solo frivolité.

Y entonces…pues entonces no nos resta sino formular puntuales preguntas que incómodas, inciden en buscar respuestas por tantos excesos y despilfarros de un más autoritario que demócrata jefe de gobierno del Distrito Federal, sitio en donde se asienta la capital mexicana. Estas preguntas harían pensar que se trata de un alcalde que buscó el bienestar y la promoción de su ciudad sin más. Por desgracia no es así, pues solo fueron acicates populacheros en pro de su imagen de presidenciable promoviéndose dentro y fuera, acompañado de un fuerte tufo de corrupción y buscando facilón, los votos con primeras planas electoreras que los atrajeran. Simplemente, usó medidas artificiales como sus playas artificiales. Frivolité pura, ya les digo. Desbordada a cual más. Y no le resultó, se le ha derrotado su aspiración de una manera brutal.

Y pregunto, pues contar y no acabar: ¿de qué le sirvió a Marcelo Ebrard poner los árboles navideños más grandes del mundo, la fotografía de desnudos de Tunik en el Zócalo, sus pistas de hielo o los miles de dólares para romper récords Guiness que nadie le pidió romper? ¿de qué las ecobicis y los metrobuses a despecho de los vecinos? ¿de qué, mientras ponía en riesgo a ciclistas y autos en vías mal diseñadas sin planeación y privilegiando el automotor y no la ecología?¿de qué le sirvieron sus desplantes y sus manotadas? ¿de qué llevar el “Ángel” al mundial 2010 o retacar a los pasillos del metro de negocios insalubres que usan peligroso gas, justo allí?¿de qué le sirvió despedazar la ciudad al unísono con obras viales faraónicas, vendidas con el tremendismo que lo caracteriza? ¿y su apodo de “marcelobras”, sin acabar unas y empezando otras, creando un permanente caos citadino para vender su imagen de presidenciable que “hace” mucha obra pública?;¿de qué sirvió inventarse el “carnaval” de la Ciudad de México sin arraigo o tradición alguna o que trajera el concurso Miss Universo 2007 y negocitos como los parquímetros o el ‘no circula’ sabatino?;¿de qué le sirvió traicionar la hospitalidad apolítica y plural de la capital, privilegiando solo a la izquierda hispanoamericana? ¿o entregar la educación a la sindicalista Elba Esther Gordillo o el programa “Prepa sí”, insultado en Facebook si se retrasa la mesada, por los mismos a los que les regala dinero mensualmente?¿de qué sirvieron su desaire a las conmemoraciones del Bicentenario, desdeñar al presidente Calderón y promoverse en ¡Kuwait!?; ¿sirvió decir que su ciudad es un oasis de paz en medio de tanta violencia en la lucha antinarco? ¿de qué le sirvió ser elegido “el mejor alcalde del mundo” en 2010 a propuesta del alcalde del París, mientras aturdía usando sus lemas “capital en movimiento” o “ciudad de vanguardia”?¿de qué sirvió llamar “encharcamientos” a verdaderas inundaciones disfrazadas de “lluvias atípicas” para tapar su inoperancia o los “reversibles” que colapsan el tránsito? ¿será cierto que en la Ciudad de México “las cosas buenas pasan”… “y las malas se quedan”, como bien responden sus opositores ante su desgobierno, aludiendo a su tercer lema institucional? La respuesta a todas esas preguntas es una: “de nada, de nada le sirvió, pues la izquierda mexicana le ha dado la espalda”.

Y así derrotado, ya se ve más sereno. En 2006 cuando ya era jefe de gobierno electo, respondió con un lacónico y desfachatado: ¡ni modo! (sinónimo de “se aguantan” o “se jo…”) a los millares de afectados por un bloqueo total de 47 días en Paseo de la Reforma ahorcando a la capital mexicana, efectuado por sus correligionarios apoyando a López Obrador. Ahora, a su actual derrota respondemos los ciudadanos libres: ¡ni modo! y pasamos la página.

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