Tratar de contar todo lo acontecido en los 300 años de historia de la Biblioteca Nacional ha debido de resultar una ardua tarea para los organizadores de la exposición que conmemora este aniversario. Lo es por la dificultad que entraña explicar los cambios en la legislación, la entrada de nuevas colecciones, la alternancia de directores o los acontecimientos históricos de tres siglos en unos pocos metros cuadrados y a través de 240 obras. ¿Será acaso la razón por la que no termina de convencer?
La exposición
Biblioteca Nacional de España: 300 años haciendo historia se postula para posicionarse entre las propuestas culturales más destacadas del año con una carta de presentación ciertamente atractiva: poder contemplar tesoros bibliográficos como el
Beato de Liébana, los
Códices Madrid I y II, de Leonardo da Vinci, o el facsímil de la primera edición de
El Quijote. Sin embargo, su visita no resulta igual de atractiva.
El gran panel explicativo que acompaña parte del recorrido de la exposición acumula tal cantidad de información que su lectura agota. Pero no sería justo hablar sólo de dislates, ya que no hay que pasar por alto que se trata de una
oportunidad única para contemplar algunas de las obras más destacadas que forman parte de los fondos de esta institución.
El interés de los organizadores por acercar al visitante estos
trabajos manuscritos o impresos, además de la historia de la institución, el contexto histórico de tres siglos y el modo en el que trabajan los empleados de la biblioteca convierten a esta exposición en una amalgama de contenidos que, en ocasiones, aturde al visitante.
Misales, cantigas,
mapas, libros de música,
dibujos, pinturas, fotografías, instrumentos de música y hasta ordenadores y un escáner se reparten por el recorrido de la muestra, en la que han sido salpicados paneles explicativos que tratan de arrojar luz sobre cómo repercutieron las desamortizaciones del siglo XIX en la Biblioteca Nacional o sobre en qué consisten las donaciones y la compra de obras en subastas, entre otros aspectos.
Pero no resulta suficiente, sobre todo por el hecho de que ha primado la explicación de cómo han llegado los
tesoros a la biblioteca en detrimento de dotar de más protagonismo a estas obras tan destacadas.
Por eso desconcierta que el volumen de
Los Caprichos de
Goya haya sido ubicado junto a un libro de Tàpies o que la primera reproducción facsímil realizada en España de
El bastardo Mudarra, de
Lope de Vega, y la primera edición de
El Quijote reproducida en facsímil en el siglo XIX hayan sido situadas en la sala que trata de ilustrar sobre cómo se ha adaptado esta institución a la era digital, en la que ha sido colocado un panel con capturas de las páginas web de las que dispone en Internet y los ya citados ordeandores y el escáner. En resumen, una mezcla de elementos que no ayuda a apreciar el valor de lo expuesto.
Estampa Plaza partida, de Francisco de Goya (Foto: BNE)
Sí lo hace el apartado dedicado a la selección de autógrafos, cartas y volúmenes manuscritos de escritores, artistas e intelectuales de la relevancia de Ramón Gómez de la Serna, Salvador Dalí, Santiago Ramón y Cajal, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández o
Jorge Luis Borges. A través de sus escritos es posible apreciar qué grafía tenían, si tachaban mientras redactaban o si se torcían.
Otro de los apartados de la exposición que más atención suscita es el dedicado a los dibujos y estampas. De todos ellos destaca
Cabeza de niña y
Cabeza de muchacha, de
Velázquez;
No se descuide el borrico, de Goya; o
La muerte de la Virgen, de
Rembrandt. A estos trabajos les acompañan otros firmados por Durero, Ribera, Fortuny o Murillo, además de por otros artistas más recientes como Chillida y Miró.
Partitura manuscrita La verbena de la paloma, de Tomás Bretón (Foto: BNE)
Una selección de incunables, libros de partituras como
La verbena de la paloma, de Tomás Bretón, fotografías de la Guerra Civil de Centelles o Capa, carteles publicitarios o de propaganda, y volúmenes de cartografía como
Atlas de Sgrooten –una joya universal-, completan una muestra que no deja de ser imprescindible visitar por la calidad de las obras expuestas, pero que exige recorrerla con espíritu crítico.
Información sobre la exposición:Del 14 de diciembre al 15 de abril.
Horarios: mates a sábados de 10:00 a 21:00 horas / domingos y festivos: de 10:00 a 14:00 horas.
Entrada gratuita.