Opinión

Eurocentrismo frente al resto del mundo

Javier Rupérez | Jueves 15 de diciembre de 2011
Es tendencia natural la de creer que los problemas propios agotan el catálogo de las preocupaciones posibles. El ejemplo institucional más evidente lo encontramos en la Unión Europea, consumida, como no podía ser menos, por sus problemas económicos y la posible solución de los mismos. Si no tuvieran la gravedad que revisten bien podría concederse razón a los que con mal disimulada irritación abominan del “eurocentrismo”, versión moderna de la adoración del ombligo.

Y es que el mundo sigue siendo ancho pero nada ajeno y la enumeración de los problemas que le aquejan merecen más que un recordatorio. Su capacidad conflictiva no va a quedar mermada ni expectante mientras los europeos resuelven sus problemas de financiamiento. Para el cuidado de los inquietos, ahora que cercano el fin del año es tiempo de hacer recuento, van algunos.

2012 puede ser el año de la nuclearización iraní. Es evidente que la acción concertada de la comunidad internacional, bien unilateralmente, bien a través del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ha conseguido retrasar y obstaculizar el intento de los mullahs de dotarse del armamento atómico, pero no cortarlo de raíz. Mientras Teherán sigue desafiante su curso armamentista los inevitables tambores de guerra se escuchan entre los vecinos y afectados: Israel guarda celosamente sus cartas sin excluir ninguna mientras el Presidente Obama recuerda que “todas las opciones están sobre la mesa” frente a un caso que afecta “seriamente a la seguridad de los Estados Unidos y de sus aliados”. No hace falta traducción.

Las “primaveras árabes” han quedado rápidamente convertidas, con la conspicua excepción tunecina, en otoños más bien mustios, cuando no abiertamente sangrientos. Los militares egipcios se resisten resueltamente a dejar el poder. En Siria, El Assad está dispuesto a morir matando.

Libia, tras la desaparición de Gadafi, se debate entre el islamismo y el caos. Yemen es otra de las cuentas del rosario de incertidumbres, en las que directa o indirectamente se ven concernidas las monarquías del Golfo. La desaparición de autócratas laicos deja el paso, a lo que parece de manera inevitable, a formaciones islamistas. Muchas se presentan como versiones “moderadas” del fenómeno. ¿Cabe tal compromiso?

La retirada definitiva de las tropas americanas, con su aire de inevitabilidad, de Irak abre un margen para la inquietud. ¿Sabrán los propios iraquíes asegurar su estabilidad y su defensa en medio de las tensiones sectarias, ideológicas, raciales y fronterizas que desde antiguo aquejan al país? Y en Afganistán donde ya ha comenzado la reducción de efectivos militares americanos y aliados, ¿será posible dotar de viabilidad razonable a su frágil, imperfecta y corrupta democracia, constantemente amenazada por talibanes, alqaidas, servicios pakistaníes de inteligencia y similares peligrosas especies?

No hace falta salir de Europa para contemplar con preocupación las tensiones que en interior y en el exterior de sus fronteras sufre Kosovo, la difícil supervivencia de ese ente de razón llamado Bosnia Herzegovina o el injusto limbo al que la quebrada Grecia somete a la República de Macedonia.

(Perdón: la Antigua República Yugoeslava de Macedonia) ¿Tendremos que preocuparnos de nuevo y pronto por la situación en los Balcanes?
Cada cual puede añadir su particular lista de preocupaciones globales para comprobar que no todo, ni siquiera lo peor, se reduce a la variación diaria de la prima de riesgo. Puede servir, para quien lo necesite, de circunstancial consuelo.