Sábado 17 de diciembre de 2011
No muy bueno ha sido el comienzo del segundo mandato de Cristina Fernández, quien busca apurar en el Parlamento la aprobación de leyes consideradas como estratégicas para el primer período de este Gobierno. No sólo sus primeras medidas no han sido del todo bien acogidas, según el último informe del Centro de Estudios Latinoamericanos (Cesla), sino que su principal aliado político y figura de peso dentro del peronismo, le ha dado la espalda.
El líder de la poderosa Confederación General del Trabajo (CGT), Hugo Moncayo, arremetió este jueves contra la jefa de Estado, a quien acusó de aplicar iniciativas que son contrarias a los intereses de los trabajadores y de dejar a un lado a los dirigentes sindicalistas en la lista de candidatos oficialistas para las elecciones presidenciales del pasado 23 de octubre, en donde la mandataria arrasó en la primera vuelta con el 54,1% de los votos.
Un duro golpe que ha de hacer frente Fernández, debido a que el apoyo de Moncayo ha supuesto una de las claves del éxito de la popularidad y arrastre de la mandataria en el sector obrero argentino. Por lo que tener a este camionero e influyente figura del sindicalismo como opositor se traduce en un dolor de cabeza para el nuevo gobierno, que ha querido empezar con ambición de futuro pero bajo la premisa de la austeridad y el pragmatismo, a fin de evitar los colapsos financieros del pasado y aprovechar el buen momento que atraviesa la economía del país suramericano.
Curiosamente ha sido Macri, conocido oponente de la presidenta, el que ha llamado a la “concertación” de la sociedad argentina. No cabe duda que la actitud visceral del sindicalismo y los ánimos populistas, no pueden tener cabida en un momento en donde son las economías y no las ideologías las que mueven el mundo.
Argentina tiene un buen panorama de oportunidades ante sí. Cristina Fernández es muy consciente de ello y no quiere perder un tren, no en vano ha preferido continuar con su equipo de tecnócratas y dejar a un lado a sus aliados sindicales, para llevar al país a buen puerto y como hemos dicho en editoriales anteriores, situarlo al nivel de economías más competitivas, como sus vecinos Brasil y Chile.
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