Miguel Torres | Martes 20 de diciembre de 2011
Informes policiales y sociales apuntan a un recrudecimiento del movimiento ”okupa” en los próximos meses. Edificios públicos y privados están amenazados de invasión por parte de quienes han conseguido asaltos tan espectaculares como el de un hotel y un teatro de Madrid y la amenaza sobre una iglesia vacía. La policía reclama herramientas adecuadas contra las ocupaciones y en defensa de la legalidad y los derechos de todos.
La simbiosis entre los ”okupas” y “los indignados”, añadido a los efectos del estallido de la burbuja inmobiliaria, ha multiplicado la capacidad explosiva de esta forma de protesta. Hasta ahora el movimiento “okupa” era una forma de contracultura nacida en Europa, en los años setenta, especialmente en Holanda y en Berlín, y que en Madrid tuvo su primera manifestación importante en la madrileña calle de Lavapiés en 1996. Paro ahora, y según investigaciones policiales y sociales, está tutelado y dirigido por movimientos antisistema y anarquistas, los mismos que consiguieron organizar, con el apoyo inocente de muchas personas instaladas en un justificado descontento, la ocupación durante semanas de la Puerta del Sol de Madrid. Un débil gobierno enfrentado ya a una consulta electoral inminente no se atrevió a enfrentarse con autoridad al desafío. Rubalcaba, entonces ministro del Interior, dejó que a la policía se la humillase en la calle. Ahora esa misma policía exige formas para combatir a los que califica como “delincuentes con un pretexto social” y “espiral de criminalidad”.
El principal caldo de cultivo de la insurgencia se encuentra en la vivienda, uno de los mayores problemas para la juventud que aspira a independizarse, y en los desalojos forzados tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y la agudización de la crisis económica que han impedido a tanta gente cumplir con sus hipotecas. “Indignados” y antisistema actúan físicamente como defensores de los amenazados de desalojo o en su realojo en algún edificio ocupado. Del mismo modo que actuaron en Barcelona en contra de los representantes de la clase política.
Los movimientos antisistema son un legado del pasado siglo, que fue el siglo de la protesta y condicionarán el desarrollo social en la centuria en la que estamos. La miseria, la desigualdad, la tiranía y el colonialismo fueron los motores de la indignación en la pasada centuria, y desembocaron en la aniquilación de regímenes, en el nacimiento de nuevas naciones independientes, en el surgir de nuevos poderes (el black power entre ellos), en la explosión del movimiento beat, en el sufragismo, en la rebelión estudiantil de los 60, y en infinidad de formas de protesta que encontraron su cauce en la literatura y en el arte. Los medios de comunicación fueron decisivos años atrás a la hora de dar a conocer los movimientos de protesta. Ahora, con las redes sociales, el efecto se ha disparado. Un informe de Facebook dice que el tema más frecuentado en España ha sido el del 15-M y la palabra más utilizada la de “indignados”.