Ely Karmon | Viernes 23 de diciembre de 2011
Abba Eban, ex ministro de asuntos exteriores de Israel, observaba que los palestinos “nunca pierden ocasión de perder una ocasión” [para la paz].
Este aforismo podría aplicarse perfectamente a Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina (AP).
Abu Mazen fue elegido presidente de la AP en enero de 2005, tras la muerte en noviembre de 2004 de Yasser Arafat, líder de la revolución palestina, líder del movimiento Fatah y de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y primer presidente de la AP.
Esto fue en las postrimerías de una insurrección sangrienta denominada “la intifada de al-Aqsa”, instigada por el propio Arafat en septiembre de 2000, pese a su promesa en los Acuerdos de Oslo de no utilizar la violencia nunca más. Más de mil israelíes, en su mayoría civiles, y casi el triple de palestinos, al menos la mitad de ellos civiles, fueron asesinados y muchos más heridos y mutilados.
Abu Mazen era conocido por haberse opuesto radicalmente al uso de la violencia indiscriminada por parte de los palestinos, pero fue marginalizado por Arafat y no tuvo ninguna influencia en los acontecimientos.
Elegido con un 62% de los votos de los maltratados palestinos, Abu Mazen podría haber cambiado el curso de la historia y, posiblemente, haber traído la paz marginando a los elementos radicales de su propio movimiento Fatah y combatiendo contra el radical movimiento Hamas, que estaba ansioso por continuar el conflicto armado y hacerse con el control de los territorios palestinos, con vistas a la creación de un Estado islamista.
Pero Abu Mazen prefirió cooptar Hamas, posiblemente creyendo que esto le fortalecería en un momento en que tanto sus colegas del movimiento Fatah como la clase dirigente israelí lo consideraban un líder débil y nada carismático.
El resultado fue un desastre: su dividido movimiento Fatah perdió primero las elecciones municipales, luego, en enero de 2006, las elecciones legislativas –lo que provocó que Hamas se hiciera con el control absoluto del primer parlamento palestino- y, por último, en junio de 2007, fue derrotado en un breve y sangriento golpe militar que tuvo lugar en Gaza, la cual adquirió pleno control de la Franja.
Hamas ha convertido Gaza en una fortaleza islamista, en una avanzadilla para Irán y en una base para lanzar cohetes, misiles y cometer toda clase de ataques terroristas contra Israel.
Desde entonces, y sobre todo después de la operación israelí “Plomo Fundido” contra Hamas, en Gaza, durante el invierno de 2008/2009, las relaciones entre la AP conducida por Abu Mazen y los líderes de Hamas han estado en una crisis permanente y sus esfuerzos por una reconciliación múltiple no han tenido el menor éxito.
Durante el mandato del primer ministro israelí Ehud Olmert, hubo intensas negociaciones de alto nivel entre Israel y la AP y una buena cooperación en materia de seguridad por ambas partes; asimismo, la situación económica en la Cisjordania controlada por la AP y la situación de la seguridad en Israel mejoraron considerablemente.
No obstante, Abu Mazen no se comprometió con las propuestas de paz de gran alcance que le hizo Olert [como describe en su reciente libro autobiográfico la entonces Secretaria de Estado Condoleezza Rice] y no se llegó a ningún acuerdo.
Tras tomar posesión de su cargo, el presidente Obama prometió apoyar la creación de un Estado palestino, traer enseguida la paz entre Israel y los palestinos y, asimismo, declaró que se oponía a los asentamientos israelíes.
Aunque el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, conocido por su postura dura, expresó públicamente su voluntad de ver un Estado palestino establecido junto a un Estado judío, y fue el primer político israelí que detuvo la construcción en los asentamientos por espacio de diez meses, Abu Mazen no intentó cuestionar la política de Netanyahu en lo relativo a renovar las negociaciones, pero pidió que se detuvieran los asentamientos durante más tiempo.
Prefería esperar a que Obama cumpliera lo prometido y obtener más concesiones por parte de Israel sin ningún tipo de acuerdo. Sus tácticas sólo provocaron el distanciamiento de la administración Obama, consciente de su propia política equivocada con respecto a Israel.
En la primavera de 2011, Abu Mazen decidió que la mejor estrategia para conseguir el reconocimiento del Estado palestino sería solicitarlo en el Consejo de Seguridad y Asamblea General de las Naciones Unidas, terreno en el que los palestinos parecían tener un gran apoyo político.
El 4 de mayo de 2011, Mahmoud Abbas y el presidente del Politburó de Hamas, Khaled Meshaal, mediante un movimiento sorprendente, anunciaron que habían llegado a un acuerdo de reconciliación que les capacitaría para crear un gobierno unitario de tecnócratas independientes, celebrando nuevas elecciones presidenciales y parlamentarias, para liberar a los presos políticos y para celebrar elecciones en la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), lo que permitiría a Hamas unirse al “único representante legítimo de los palestinos”. Estos mismos términos fueron ofrecidos por Fatah a Hamas, pero fueron rechazados por Hamas.
Lo que cambió entretanto fueron las insurrecciones en el mundo árabe y el impacto causado por las mismas en los dos movimientos palestinos rivales.
Los líderes de Fatah y Hamas estaban sometidos a la presión de su propia opinión pública, que les pedía unificar y fomentar los intereses del pueblo palestino.
Es más, desde el punto de vista de Abu Mazen, era importante demostrar, antes de las discusiones de septiembre de 2011 en las Naciones Unidas, que controlaba todos los territorios palestinos y que la comunidad internacional podía contar con él para conducir a una nación unida hacia la independencia.
También era consciente del importante papel que desempeñaba el gobierno militar egipcio a la hora de impulsar las negociaciones con Hamas, así como de la necesidad de mantener buenas relaciones con el país árabe más importante, que le había apoyado durante los años en que fue presidente de la AP.
Hamas, por su parte, ocupa una posición nefasta en Siria, donde su representante el presidente Bashar al-Assad está perdiendo la batalla contra su propio pueblo. Los líderes de Hamas están abandonando discretamente el país y buscando otro sitio al que trasladar su sede. También ellos están interesados en mejorar las relaciones con el gobierno militar provisional de El Cairo, con la esperanza de que la toma islamista del parlamento en las elecciones en curso lleve al poder a sus colegas de la Hermandad Musulmana.
De momento, dado que la administración Obama se opone firmemente a su estrategia en las Naciones Unidas, Abu Mazen parece haber perdido la oportunidad de que el Consejo de Seguridad reconozca el Estado palestino, mientras que el reconocimiento puramente formal por parte de la Asamblea General sólo puede acarrear unas relaciones más tensas con los Estados Unidos, el fin del respaldo económico de los poderes occidentales y el estancamiento de las negociaciones de paz con Israel.
A pesar de las declaraciones optimistas que hizo Abu Mazen después de reunirse con Khaled Meshaal a finales de noviembre, todavía no hay signos reales de progreso en la aplicación del acuerdo de reconciliación. En la actualidad, se está programando otra reunión entre los dos líderes.
En una gran concentración que ha tenido lugar el 14 de diciembre en Gaza para conmemorar el XXIV aniversario de Hamas, el líder de Hamas Ismail Haniyed declaró que “la resistencia es la única manera estratégica de liberar a Palestina, desde el río (Jordán) hasta el mar (Mediterráneo), y de echar a los invasores de la bendita tierra de Palestina”, y proclamó que pronto el pueblo árabe formará un ejército y le arrebatará Jerusalén a Israel a la fuerza. También dijo que la Hermandad Musulmana y otros grupos islamistas habían “encabezado la Primavera Árabe… o bien a base de enfrentarse directamente a los regímenes tiránicos o bien a través de las urnas”.
A la vista de los acontecimientos acaecidos en la región, especialmente en Egipto, Hamas probablemente sea el gran vencedor en caso de que haya nuevas elecciones para el parlamento palestino y, posiblemente, para la presidencia de la AP.
Pero aun en el caso de que Abu Mazen logre formar una coalición viable con la Hamas islamista radical, ¿qué futuro tendría esa maniobra para las perspectivas de unas negociaciones de paz con Israel? ¿Y para la estabilidad de la región? ¿Y para el propio futuro político de Mahmoud Abbas y su legado histórico?
Por Ely Karmon
Traducción de María Dolores Ábalos