Sadio Garavini di Turno | Lunes 26 de diciembre de 2011
Con el fin de la Guerra Fría, el derrumbe del Imperio Soviético y el evidente fracaso del modelo socioeconómico marxista-leninista, la sociedad occidental perdió la tensión moral que significaba la lucha existencial con el adversario ideológico global y entró en un período de profunda crisis ética, que han advertido autores como Octavio Paz, Giovanni Sartori, Zbignieuw Brzezinski, quien define a Occidente como la “Cornucopia permisiva” y Jacques Attali, quien sugiere que para resolver los problemas de la humanidad hay que “restaurar la idea del mal, la idea de lo sagrado, en el centro de la vida política”. Efectivamente, en el Occidente desarrollado impera culturalmente un consumismo relativista y hedonista que ha hecho del placer el eje central de la existencia humana, el fin último es “ser feliz”, a toda costa, aunque sea químicamente.
La videocracia videocretiniza y atrofia la capacidad de raciocinio de buena parte de la humanidad. Como nos dice Sartori, del “homo sapiens” estamos pasando al “homo videns”, que maneja muchas imágenes y pocos conceptos. En esta carrera hacia una especie de “mundo feliz” a la Aldous Huxley, asistimos al triunfo de la estupidez humana, que como afirmaba Einstein, es infinita. Se proyectan como modelos de la juventud personajes, intelectualmente intrascendentes y moralmente poco recomendables, como Paris Hilton y el difunto Michael Jackson. Se fomentan valores como el esteticismo anoréxico y el sexismo pornográfico. Se advierten también signos de una sana reacción frente este vacío ético, estético e intelectual, que se ha encarnado en los autores mencionados y líderes como Juan Pablo II, Vaclav Havel y Andrei Sakharov, entre otros.
Desafortunadamente, hay también reacciones “non santas”.Un joven talibán afgano en una entrevista afirmó que los norteamericanos nunca ganarían la guerra porque “ellos aman la Pepsi Cola y nosotros amamos la muerte”. Ian Buruma y Avishai Margalit, en su libro, “Occidentalismo”, hacen una breve historia del sentimiento antioccidental y nos recuerdan que la visión de Occidente como una civilización reblandecida, enfermiza, empalagosa, decadente y adicta a los placeres es reflejo de otras guerras santas contra Occidente. Así pensaban los dirigentes japoneses en 1940 y sus kamikazes. Una cierta cultura reaccionaria alemana, caldo de cultivo del nazismo, consideraba que Inglaterra (“tierra de vulgares tenderos”), EEUU y la Francia republicana representaban, como alega Werner Sombart, en su libro “Héroes y mercaderes”, la civilización occidental, las “ideas de 1789” y los valores comerciales. El mercader típico, afirma Sombart, tiene interés sólo por los bienes materiales y la comodidad física. Sombart emplea el término “Konfortismus” para designar la mentalidad burguesa. Otro autor alemán Ernst Junger, que despreciaba el “Konfortismus” y ensalzaba el heroísmo, el sacrificio y la muerte, al igual que otros autores alemanes de inicios del siglo XX, tuvo una profunda influencia en los círculos intelectuales musulmanes. Su libro “Uber die Linie”, fue traducido al árabe por Jalal Al-e-Ahmed, un destacado autor iraní, en los años sesenta. Al-e Ahmed acuña la palabra “occidentóxicación” para designar la deletérea influencia de las ideas occidentales. Sayid Qutb, uno de los pensadores islamistas más influyentes en los grupos fundamentalistas islámicos, regresó de Nueva York horrorizado por la inmodestia de las mujeres norteamericanas, por la lascivia, la sensualidad y en general el materialismo de la sociedad norteamericana. Su viaje fue en 1948. ¿Qué diría ahora? Esta visión de Occidente como un mundo decadente, afeminado, avariento, materialista, egoísta y superficial, está a la base del odio antioccidental en los grupos fundamentalistas islámicos que se concreta en la tragedia del terrorismo. La sociedad occidental defenderá mejor las “ideas de 1789”, libertad, igualdad y fraternidad, si se enfrenta también al vulgar consumismo relativista que la está debilitando.