Martes 27 de diciembre de 2011
La semana pasada, Hugo Chávez anunciaba la puesta en libertad de un centenar de reclusos por su “buen comportamiento”. Huelga decir que el “buen comportamiento” en cuestión tiene más que ver con secundar los postulados chavistas que con lo que sería una reinserción al uso. Pero ayer, el mandatario venezolano daba otra vuelta de tuerca a su particular política penitenciaria: amenazaba a José Obdulio Gaviria, ex asesor del anterior presidente colombiano, Alvaro Uribe, e invitado por la oposición, con encarcelarlo si entraba en el país.
En cualquier estado de derecho hace falta una acusación formal y una orden judicial para entrar en prisión. No en Venezuela. Allí hace mucho tiempo que dejó de existir la separación de poderes y las carencias democráticas que padece su población deterioran cada día más la convivencia. Una convivencia de por sí difícil ante la ola de inseguridad que invade el país: de hecho, Caracas es hoy una de las ciudades más peligrosas del mundo. La administración de justicia ha de sufrir continuas injerencias y, lógicamente, su funcionamiento se resiente. Chávez debería hablar menos alegremente de la cárcel y dedicarse más a velar por el cumplimiento de la ley en su país.
TEMAS RELACIONADOS: