Miércoles 28 de diciembre de 2011
El Rey presidía ayer en el Salón de Plenos del Congreso la Solemne Apertura de la X Legislatura, acto en el que podía verse al nuevo Gobierno ocupar por primera vez la bancada azul. No fue la única novedad; la ausencia este año del posterior almuerzo oficial pretendía significar la urgencia de ponerse manos a la obra lo antes posible, además de que no es tiempo de celebraciones. Al igual que en su alocución navideña, el núcleo central del discurso de Don Juan Carlos giró en torno a la crisis y sus consecuencias, habida cuenta de que ha de ser ésta la prioridad fundamental en la que todos, Gobierno y oposición, han de dar lo mejor de sí mismos. No está de más que la Corona tome conciencia pública de cuáles son las necesidades más acuciantes de la agenda política; máxime, en el marco parlamentario de ayer.
Tampoco está de más recalcar la defensa de las instituciones -todas, Corona incluida- también referida en el Discurso de Navidad, así como la necesidad de recuperar el prestigio perdido por instituciones fundamentales. Ocurre que quizá un acto tan solemne como la Solemne Apertura de la Legislatura que ahora empieza no sea el más idóneo para realizar exégesis sobre lo que se dijo o se quiso decir a propósito de don Iñaki Urdangarín y su situación procesal. Una cosa es la constitución del poder Legislativo y otra diferente las actividades particulares de algunos miembros de la Familia Real, por muy apartados que estén actualmente.
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