Crónica económica
Viernes 30 de diciembre de 2011
Leímos los labios de Rajoy. Decían: “No subiré impuestos”. Pero finalmente sus labios no decían la verdad. Él siempre prometió que diría la verdad. Bien es cierto que prometió decirla después de las elecciones. Y la verdad es que ha aprobado una enorme subida de impuestos. Y recorte de gastos.
El Gobierno se ha encontrado con un desvío presupuestario mayúsculo, de dos puntos del PIB, nada menos, que dejarán el déficit del presente ejercicio no en el 6,0 por ciento al que decía comprometerse el anterior gobierno (objetivo con el que jamás se comprometió de verdad), sino en el 8,0 por ciento. Pero en este juego de mentiras, el actual Ejecutivo dice que está sorprendido por el desvío presupuestario, del que se ha dicho desde hace meses que superaría el punto y medio del PIB. Y basándose en esa sorpresa impostada anuncia un gran recorte del gasto y un no menos importante aumento de los impuestos. Con todo, al menos los españoles sabemos que, con mayor o menor acierto, el nuevo Gobierno ha tomado las riendas de la situación.
Para anunciar el plan han formado en la escena tres ministros del Gobierno que han anunciado medidas concretas y uno que estaba un poco de comparsa. Los tres primeros han sido Soraya Sáen de Santamaría, a quien Montoro ha llegado a llamar “presidenta”, el propio Cristóbal Montoro y la ministra de Empleo, Fátima Báñez. La comparsa era el ministro de Economía, Luis de Guindos, que ha robado el micrófono en un par de ocasiones por no quedarse callado, pero que no tenía nada que ofrecer hoy. Las reformas pueden esperar.
Un periodista le ha preguntado a Montoro si es que el PP ha cambiado su modelo de respuesta a la crisis. Antes de las elecciones: no subir los impuestos. Después de las elecciones, subirlos como pocas veces se ha hecho en la historia de España tras la democracia. La respuesta de Cristóbal Montoro ha sido que el PP mantiene su modelo, que es contrario a subir los impuestos, pero que efectivamente los va a subir.
¡Y cómo! La subida más importante es la del IRPF. Lo llama “recargo de solidaridad”. Pero, dado que su objetivo no es dedicarlo a un gasto que pueda caber en la rúbrica “solidaridad”, sino que está destinado a subir, sin más, los ingresos del Estado, se trata de un recargo de solidaridad con el Estado. Sólo que como los impuestos se pagan lo queramos o no, tampoco es solidaridad y se queda en un “recargo para el Estado”, que es como debería haberlo llamado Soraya Sáenz de Santamaría o el ministro Montoro”.
Sube el IRPF en todos los tramos. En todos. Desde el más bajo, que lo hace en 0,75 puntos, hasta el más alto, que lo hace en siete. El Estado prevé recaudar con ello 4.100 millones de euros, que son el 64 por ciento de los 6.475 millones de euros más que prevé recaudar por año con los nuevos impuestos. Dos de cada tres euros de más que pagarán los españoles proceden de los frutos directos del trabajo. También impondrá un gravamen complementario sobre las rentas procedentes del capital que va del 2 por ciento para los rendimientos a partir de los 6.000 euros al 6 por ciento con el que gravará los que superen los 24.000 euros anuales. A ello se suma un aumento del IBI para la mitad de las viviendas.
Es decir: 1) se sube la fiscalidad sobre la remuneración del trabajo, y lo mismo se hace 2) sobre las rentas del capital y 3) sobre la propiedad más comúnmente distribuida. Esto resulta chocante. Porque para salir de la situación no es un gran acierto reducir la renta disponible de las familias o desincentivar el empleo (vía IRPF) o las rentas del capital. Porque necesitamos más empleo y necesitamos más capital. Más ahorro. De tener que detraer renta disponible de las familias, es más adecuado que sea en el consumo, lo que habría llevado a un aumento del IVA. Pero se mantiene el IVA super reducido sobre la vivienda, así como el resto de la estructura del IVA.
Es decir, de este ajuste de 15.000 millones, grosso modo, 9.000 se corresponden con la rebaja del gasto y 6.000 con el aumento de impuestos. Esos 15.000 millones tendrán que sumarse a otros 25.000 para reducir el déficit al 4,4 por ciento. ¿Alguien está en disposición de decir que los 25.000 millones restantes serán todos procedentes del gasto? El IVA se mantendrá en el tipo actual, pero parece que sólo por unos meses.
Finalmente, ya sabemos que el PP es el partido de los impuestos altos.
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