Los Lunes de El Imparcial

Marie-Hélène Carbonel y Martine Fransioli Martínez: Consuelo de Saint Exupéry. Une mariée vêtue de noir

RESEÑA

Domingo 01 de enero de 2012
Marie-Hélène Carbonel y Martine Fransioli Martínez: Consuelo de Saint Exupéry. Une mariée vêtue de noir. Rocher. Monaco, 2011. 600 páginas. 24 €

El príncipe no era un santo. Del libro más leído, más regalado y traducido después de la Biblia y del Corán, se sabe en realidad muy poco. Hablo de El principito que, para empezar, no se trata de un libro que los Reyes Magos recomendarían a los niños, porque en realidad no es un cuento para niños. La magnífica y sorprendente biografía de la esposa del aviador Consuelo de Saint Exupéry. Une mariée vêtue de noir, escrita por la hispanista Marie-Hélène Carbonel, ofrece claves fundamentales para comprender el trasfondo emocional y literario de la obra de Antoine de Saint Exupéry, al tiempo que nos descubre la faceta artística y literaria de la propia Consuelo Suncín Sandoval. Mujer de talento, representante del espíritu liberal y del exotismo centro-americano que acunó el realismo mágico, la biografía de Consuelo se lee como una gran novela. Novela en todo el sentido de la palabra, tanto por la riqueza de los personajes como por el escenario y la época en que se desarrolla. Nacida en 1901 en San Salvador, tierra de volcanes y de rosas, ésta “Sheherezade de los trópicos” no fue una mujer de su tiempo. Su imaginación desaforada, su exuberancia contenida en una talla menuda, frágil y encantadora, sus ganas de aprender y de involucrarse en la escultura, la pintura, el periodismo y en la escritura, su capacidad para relatar historias...

No fue precisamente la nuera discreta y ejemplar que la madre del conde Exupéry hubiera soñado para su hijo. Rencillas familiares aparte, los hombres de su vida fueron todos ilustres: el ministro de educación mexicano José Vasconcelos; el cronista y escritor guatemalteco tan vinculado a España Enrique Gómez Carrillo, colaborador en una época de ABC y más tarde cónsul; el escritor y Premio Nobel Maeterlinck; el enigmático escritor-piloto francés, director técnico de la Aeropostal argentina. Quizá por ello la obra de Consuelo Suncín haya estado hasta hoy relegada a la penumbra y solamente hayan sido traducidas al español sus Memorias de la rosa (Ediciones B).

Anotaciones del diario, cartas, entrevistas, grabaciones, citas literarias (entre ellas varias referencias a sus Lettres du dimanche), curiosidades, fotografías, facturas, telegramas y detalles sorprendentes inundan las 600 páginas de esta biografía. Destaquemos la propia foto de portada, en la cual Consuelo aparece en su boda con Antoine, en 1931, llevando un vestido negro que perteneció a la cupletista Raquel Meller; o su efímera ocupación como decoradora de vitrinas en el célebre Bloomingdales de Nueva York, donde se cruzó con Salvador Dalí; pasando por su relación con artistas tales como Óscar Domínguez, Wilfredo Lam, Max Ernst, René Char o Marcel Duchamp, y, en particular, su vinculación con el grupo de Oppède, semilla de su relato Oppède en 1947 (Gallimard). Fue durante aquellos años de la Resistencia cuando sola en Francia, mientras Antonio residía en Nueva York, se hacía llamar (y no habrá nombre más español)… Dolores. Marie-Hélène Carbonel ha acometido con valentía y pasión la difícil tarea de meterse en el torbellino de una vida fuera de lo común, de un destino que arrastró a otros destinos, y de trabajar con un material bruto escrito en dos idiomas y entre dos continentes.

La lectura nos lleva de viaje a ritmo frenético de San Salvador a París, de Niza a Nueva York, de Argentina a Madrid, de Grasse a Mallorca, a Tánger, o a Canadá. Más allá de las anécdotas, la indudable huella de Consuelo en la gestación del Petit Prince es indiscutible. Nos recuerda Marie-Hélène Carbonel que antes de desparecer con su avión en las aguas azureanas en 1944, Saint Exupéry vivió lamentando no haberle dedicado El principito a ella, quien no solo posó para las acuarelas y dibujos que lo ilustran, sino que le inspiró el sentimiento de culpa, la noción de abandono y todos los elementos de naturaleza animada que están presentes en el mítico cuento de Saint Exupéry (“lo esencial es invisible a los ojos…”). Gracias al acceso privilegiado de la autora de esta biografía al legado de Consuelo, a través de la colaboración de Martine Fransioli Martínez, esposa del que fuera su heredero universal José Martínez Fructuoso, una rosa de nuestras letras hispánicas ha vuelto a nacer. Ya la han domesticado en la lengua de Molière. Cuidémosla y démosle la traducción al español que tanto se merece.


Por Pepa Echanove