Opinión

2012: Berlusconi ya está en campaña

Andrea Donofrio | Domingo 01 de enero de 2012
Italia entra en 2012 saludando un extraño y controvertido 2011, un año que selló el fin político de Berlusconi, permitiendo a gran parte de los italianos celebrar estas fiestas, aliviados por el final de una dura etapa, moralmente discutible y éticamente lamentable. Silvio Berlusconi ya no es el Presidente del Gobierno y tras su dimisión, el 12 de noviembre se auguraba una digna salida de escena, una retirada calmada a sus actividades empresariales. Lamentablemente no ha sido así, ya que en estas semanas el cavaliere ha alternado golpes de escena a su estilo ridículo con pacatas afirmaciones, habituales payasadas con frases acertadas.

A las pocas horas del ingreso de Mario Monti en el Palazzo del Quirinale, Berlusconi había anunciado su voluntad de no rendirse, grabando un videomensaje casero y batallero, mostrando su deseo de no apartarse del poder. No obstante, poco después, confesó su cansacio y el deseo de alejarse de la primera plana. Como una especie de Penélope de la Odisea, de lo que decía de día, renegaba por la noche. Estamos asistiendo a un Berlusconi “esquizofrenico”, un Jano bifronte en el que conviven y sobresalen dos actitudes antagónicas: por un lado un Berlusconi responsable y consciente de la grave crisis económica, dispuesto, a pesar de todo, a apoyar al Gobierno Monti, reconociendo la gravedad de la situación y parte –muy mínima- de su responsabilidad; y por otro lado, un Berlusconi en campaña electoral, guiado por su alma populista y por una demagogia preocupante, interesado en alimentar la desconfianza y el malestar de los italianos respecto al nuevo Gobierno. Resulta una situación paradójica: el cavaliere apoya públicamente al Gobierno Monti, instigándole a poner en marcha las reformas, las medidas y los recortes que nunca se atrevió a aplicar él, y a la vez amenaza la estabilidad del actual Ejecutivo, cuestionando su legitimidad y pretendiendo ser consultado en primer lugar. Se trata de garantizar su apoyo parlamentario mientras se plantea liquidarle y proponer un adelanto electoral. El ex mandatario se siente el “árbitro” del destino de Italia, postulándose como juez y parte del futuro del país. Con esta actitud el cavaliere demuestra la fragilidad de un gobierno no salido directamente de las urnas –aunque votado por el Parlamento- y la absurda pretensión de uno de los grandes responsables de esta grave crisis de participar activamente en la reconstrucción del país. Aunque parezca absurdo, es como si Berlusconi y sus lacayos, es decir, los mismos políticos que no actuaron en su momento para salvar Italia, sintieran el derecho de amenazar al Gobienro, chantajeandole y queriendo representar un papel activo. Esta ambigüedad se resume en el hecho de que al mismo tiempo que promete “una colaboración leal y provechosa”, sacude la estabilidad del Gobierno. Aunque no cabía esperarse un completo abandono responsable de Berlusconi de la escena política nacional, tampoco era deseable tanta ambigüedad y mentiras (sobre las cuentas en orden, el crecimiento económico italiano, la reducción del gasto público…), de un hombre que a pesar de los inumerables escándalos, de los multiples juicios y de la veneranda edad desea “mantenerse en la pista para el futuro”.

Independientemente de todo esto, la decisión de nombrar un Gobierno formado por tecnócratas parece constituir un parentesis, una pausa técnica en previsión de las elecciones de 2013. Los políticos italianos han demostrado no sólo su incapacidad a enfrentarse a la grave situación político-económica del país, sino también su voluntad de no participar directamente en la aplicación de una reforma dura, de unos severos recortes. En las próximas elecciones, de manera hipócrita y farisaica, la actual clase política querrá presentarse como defensora del pueblo, ajena a las medidas implantadas, contraria a la dureza de los tecnócratas impuestos por los mercados. Vilmente, intentará hacer recaer toda responsabilidad en el actual Gobierno, culpando a los técnicos de todo el trabajo sucio que no quisieron hacer ellos directamente por su alto coste electoral.

Para el 2012, cabe esperar que Berlusconi seguirá movilizando su electorado, creando, como reacción, el ingreso en la campaña electoral también del Partido Democrático. Por lo tanto, a pesar de contar con un Gobierno en el cargo, Italia asistirá a una larga y perniciosa campaña electoral. En este contexto, capítulo aparte merece la Liga Norte, formación política entre Ciencia y Ficción, carente de cualquier ideología y con unas anacrónicas e irreales pretensiones secesionistas: ahora, el partido, muy crítico con Monti, quiere acuñar la moneda padana, mostrando una vez más la falta de realismo, su vulgaridad y además de una dosis de turbio populismo.

Y, finalmente, citando una célebre frase atribuida a Mussolini, del cual ha confesado estar leyendo los diarios, Silvio Berlusconi ha recordado que “gobernar a los italianos no es difícil, es inútil”: una frase fuerte, no del todo desacertada. No obstante, desde la instauración de la República, no cabe duda que lo peor han sido los gobernantes.

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