Domingo 01 de enero de 2012
Comienza este 2012 con la correspondiente subida de servicios básicos e impuestos, bajo la sombra de la recesión que viene -si es que no ha llegado ya-. Tanto a nivel nacional como europeo, el panorama se presenta complicado. Pasó la época de bonanza, y ahora viene la de los recortes, tan necesarios como impopulares. De ahí lo discutible de las declaraciones de Alfredo Pérez Rubalcaba, al afirmar que se opondría al plan de ajustes del Gobierno “porque crea recesión y trae más paro”. El señor Rubalcaba tiene un punto de razón en que un ajuste extremo puede provocar más recesión pero debe reconocer que la reacción de los mercados (léase nuestros prestamistas) ante la prolongación o flaqueza en el ajuste de nuestras cuentas puede ser devastador.
Conviene que todos entendamos que el ajuste no es una opción. La única opción que tenemos –y eso ya es una versión optimista del futuro- es hacer el ajuste de la manera menos traumática posible. Pero el ajuste, hacerlo, hay que hacerlo. O nos lo hará la realidad; de algún modo, ya lo ha hecho y de la manera más cruel posible: con cinco millones de parados. Lo cierto es que ha sido preciso implementar un plan de ajustes precisamente por una recesión agravada por un gobierno empeñado durante años en negar la realidad, gobierno en el que el señor Rubalcaba tomó parte activa. Un Gobierno que, además, calculó de forma errónea -por no decir que falseó la realidad- el déficit público, con las graves consecuencias que ello comporta.
Esto por lo que respecta al ámbito de lo público, si bien en lo privado toca igualmente reestructurar ciertos usos perniciosos. Porque siendo grave el endeudamiento de las administraciones, lo es aún más el de las familias. Ha habido durante demasiado tiempo un uso irresponsable del crédito; cierto es que acaparado por los bancos, pero cometido sobre todo por quienes se embarcaban en una dinámica de gasto a la que difícilmente podían hacer frente. Y eso es algo que también se ha de reconocer y revertir. La democracia –y su corolario económico que es la economía de libre mercado- es un sistema exigente: un sistema de responsabilidades. Por eso tenemos derechos.
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