Domingo 01 de enero de 2012
Tras la celebración del 53 aniversario de la revolución cubana, bien podría decirse que se cambia el tradicional “socialismo o muerte” por “capitalismo o muerte”. Esa es, al menos, la interpretación que se desprende de las palabras de Raúl Castro, apelando a la inexorable necesidad de cambios que debe haber en la Isla. Más de medio siglo ha tardado la gerontocracia cubana en proponer una limitación de dos mandatos, así como la posibilidad de permitir una mayor iniciativa privada. Algo que, a ojos vista de muchos puristas del régimen, supone una traición de los principios revolucionarios, pero una “traición” imprescindible.
El balance global del totalitarismo de los Castro durante todo este tiempo salta a la vista: pobreza, carencia absoluta de libertad y fracaso de un sistema al que se le ve ya el cartón. Actualmente, Cuba como país es casi inviable. El colapso del sistema está a la vuelta de la esquina y, como a la fuerza ahorcan, a Raúl no le ha quedado otro remedio que dejar abierta la puerta de las reformas. Ya no hay una URSS que acuda al rescate, y los petrodólares venezolanos no bastan para paliar una situación casi Terminal. Que tomen nota, pues, aquellos seguidores latinoamericanos del castrismo que, con Chávez a la cabeza, intentan emular las líneas de un régimen que agoniza fruto de su propia perversión.
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