Opinión

Ormuz: una coacción del poder iraní

Martes 03 de enero de 2012
Las maniobras navales de la República Islámica de Irán ensayando un futuro bloqueo de estrecho de Ormuz, por donde hoy se transporta el 40 % del petróleo mundial, al hacer uso de nuevos misiles de alcance medio con tecnología nuclear, constituyen una prueba más de que los programas iraníes para el enriquecimiento de uranio no tienen precisamente propósitos pacíficos. Un secreto a voces que Teherán no puede reconocer explícitamente, pero que los hechos demuestran cada día de un modo más palmario.

La carrera armamentística desatada por las autoridades iraníes a partir de su ambicioso programa nuclear resulta tan insensata como peligrosa. Irán no necesita este armamento para defender su territorio ni sus intereses. Las sanciones internacionales comienzan a causar un efecto destructivo en su economía y sus relaciones internacionales se ven cada día más deterioradas por la siniestra amenaza que proyecta en todo su entorno. No existen, pues, beneficios prácticos, sino algo más irracional, incontrolable y peligroso como es su voluntad de poder ejercida mediante la amenaza de una destrucción masiva de manos de una república teocéntrica dominada por clérigos movidos por un fanatismo suficientemente probado en incontables ocasiones. Un cúmulo, pues, de factores para encender todas las alarmas, ya que la suma de tales ingredientes: voluntad de hegemonía internacional, fanatismo y alta tecnología, estuvieron en la base de todas las grandes catástrofes bélicas del siglo pasado.

En la retórica oficial del régimen iraní no se ha ocultado el propósito de aniquilar el Estado de Israel mediante un misil – el Sajjil 2- capaz de transportar ojivas nucleares a más de 2.500 km. de distancia. En las últimas maniobras militares las autoridades de Irán no pudieron o no se atrevieron a ponerlo a prueba, pero los planes de la república islámica iraní incluyen el desarrollo de misiles nucleares de 3.500 km. de alcance. En estas circunstancias, la monstruosa amenaza de liquidación de Israel se transforma, a su vez, en una cortina de humo tras la cual se esconden ambiciones belicistas aún más demoledoras. Misiles de 2.500 o 3.500 kilómetros de alcance no ponen bajo el punto de mira solo a Israel, sino que sitúan bajo el terror nuclear a todos los países islámicos, a toda el África oriental, a extensísimos territorios de Rusia, China e India, y también colocaría a prácticamente toda Europa bajo la amenaza aniquiladora de los misiles de largo alcance del régimen de Teherán. Un poder de tales proporciones parece ser un estímulo lo suficientemente vigoroso como para desafiar las tímidas sanciones hasta ahora impuestas, mucho más allá de un litigio con Israel o Estados Unidos.

En este escenario estratégico cuesta creer que la Unión Europea no haya reaccionado aún con mayor energía y coherencia y no haya hecho ya efectiva la medida anunciada de no importar crudo iraní, algo que causaría un indudable impacto en los planes de Teherán. Las maniobras navales en el estrecho de Ormuz se han realizado con plena conciencia de la situación de crisis europea y la timidez y falta de coordinación con que Europa afronta estos desafíos, con un claro propósito de intimidarla y frenar las nuevas medidas de presión que están sobre la mesa en las cancillerías europeas. Tanto la Unión Europea como el resto de las naciones democráticas estarían avalando un futuro chantaje nuclear iraní si transigieran con esa intimidación. De seguir con u programa nuclear, las sanciones económicas deben alcanzar una verdadera contundencia. Occidente debe ayudar con auténtica decisión a las fuerzas democráticas que la República Islámica está estrangulando, porque un Irán democrático difícilmente se guiaría por esta voluntad de poder bélico. En última instancia, la opinión pública europea debería tomar conciencia de la necesidad de contar con recursos armados disuasorios con los que responder militarmente a amenazas o coacciones de este calibre. Por ello, la presencia estos últimos días de la V Flota norteamericana en Ormuz ha estado sobradamente justificada.

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