Este martes 12 de enero se cumplen dos años del fuerte sismo que lapidó a la ciudad de Puerto Príncipe, dejando más 316.000 muertos, 350.000 heridos y alrededor de 1,5 millón de personas sin hogar. Muy poco ha cambiado el paisaje del trágico sismo que sacudió a la capital haitiana, en donde 600.000 damnificados continúan viviendo bajo carpas y entre ruinas.
El tiempo parece detenerse en Haití. Al cumplirse dos años de trágico terremoto de 7.0 grados que azotó a la ciudad de Puerto Príncipe, matando a 316.000 personas y dejando a 1,5 millones de damnificados, de los que más de medio millón, aún viven en improvisadas carpas de lona en medio de la basura y las ruinas, bajo la amenaza de una epidemia de cólera que se ha cobrado la vida de 7.000 almas en poco más de un año.
El país más pobre de América aún no ha sido capaz de superar las secuelas del sismo, pese a los 2.380 millones de dólares venidos del exterior para su reconstrucción. Pero las promesas de una “Haití mejor” llevadas a cabo por secretario General de la ONU, Ban Ki-moon y por el expresidente de EEUU, Bill Clinton, se diluyen a la par de las ayudas millonarias y de las esperanzas de un pueblo que no ve progresos, gracias a que es objeto la burocracia de sus entidades estatales.
Los problemas de corrupción, los obstáculos para advenimiento de un nuevo gobierno a cargo del presidente Michele Martelly, así como los escollos que este debió enfrentar para formar Gobierno, ha imposibilitado que la nación caribeña pase página y ponga en marcha unos planes de reconstrucción, cuya ambición se fue desinflando a medida de que el país caía en cuenta de su realidad política e institucional.
La idea de un Puerto Príncipe que renacería cual Ave Fénix de sus cenizas para ser una urbe moderna con capacidad de ofrecer una mejor calidad de vida a sus 3 millones de habitantes, hace aguas ante el pragmatismo de un Ejecutivo que busca recomponer y satisfacer las necesidades más elementales como los servicios básicos, la creación de viviendas para los desplazados, la renovación de la infraestructura de la ciudad y la generación de empleos.
En este sentido el primer ministro de Haití, Garry Conille, aseguró que este 2012 que acaba de comenzar será un año de "grandes desafíos y oportunidades" para el país caribeño, que estima un crecimiento de su la economía entre un 8 % y un 9 %.
El entusiasta “arranque económico” anunciado por Conille, no amortigua el hecho de que el Gobierno aún no dispone de un presupuesto para este año que permita dar un empujón a los planes de reconstrucción, el cual ha sido pospuesto para finales de enero, cuando el mismo debió aplicarse el pasado mes de octubre.
Pero mientras las ayudas internacionales y gubernamentales terminan de llegar, las humanitarias han sido las responsables de los progresos que ha experimentado Puerto Príncipe en estos dos años.
El grano de arena que marca la diferenciaTanto ONG como “Save the Children”, “Manos Unidas”, “Asociación Mensajeros de la Paz” y la Cruz Roja Internacional, al igual que órdenes religiosas, han sido los impulsores de que miles de los damnificados del terremoto recuperen parte de sus vidas.
De acuerdo con las Misiones Salesianas más de 23.000 niños y jóvenes, junto a 1.200 profesores han podido volver a las aulas gracias a sus centros educativos, en donde además de tener acceso a la escolarización, también reciben capacitación en diversas áreas laborales que contribuirá con la generación de empleo en un país en donde el 80% de sus habitantes viven en la pobreza extrema y más de la mitad no sabía leer ni escribir.
Por su parte la Cruz Roja Española, además de dar asistencia médica a los desplazados y afectados por la epidemia de cólera, ha entregado 3.100 viviendas con suministro de agua potable en donde ahora viven unas 16.500 personas. Labor a la que también se ha sumado los “Mensajeros de la Paz” quienes han sido los responsables del envío de más 300 toneladas de medicamentos y de profesionales para prestar asistencia médica y sanitaria a los damnificados.
Pero tales esfuerzos pasan desapercibidos antes la realidad de la ciudad Puerto Príncipes, que se muestra habituada al paisaje urbanista de campamentos de lona, basura y escombros, al cumplirse dos años de un desastre natural del cual no ha sido capaz de levantar cabeza.
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