tribuna
Jueves 12 de enero de 2012
Es una pena que muchas veces no se valora lo que uno tiene hasta que falta, o peor aún, a veces uno no sabe realmente lo que tiene. España es uno de los reinos más antiguos del planeta y posee una de las monarquías con mayor tradición e historia; sin embargo, tristemente, los españoles todavía no tenemos claro en qué consiste una monarquía y cuáles son sus principales ventajas.
De entrada, la monarquía española, tal y como apunta el artículo 1.3 de nuestra Constitución, es una monarquía parlamentaria. Tras las revoluciones liberales del siglo XVIII, las veteranas monarquías europeas tenían dos opciones, adaptarse a los nuevos tiempos, o desaparecer -caso de la longeva monarquía francesa-. La monarquía española tardó bastante en entender esto, pero al final, especialmente en la persona de Juan Carlos I, hemos logrado una monarquía moderna, útil y adaptada a nuestro momento presente. Fueron Guillermo y María de Orange, después de la revolución inglesa del XVII, los primeros monarcas que se sometieron a un parlamento. Después, en el siglo XIX, el pensamiento doctrinario francés, de la mano de Benjamin Constant, diseñaron la nueva función del monarca como poder moderador, que entre otras funciones, recoge el artículo 56.1 de la Constitución de 1978.
Como todo en la vida, los regímenes monárquicos y republicanos tienen sus ventajas y desventajas, hay repúblicas que funcionan muy bien, como países monárquicos que están a la cabeza del planeta en cuanto a calidad de vida y desarrollo democrático, especialmente en el viejo continente. Estimo que para España, para nuestra forma de entender la política, para nuestro contexto histórico y político, la monarquía ofrece más ventajas que la república. De entrada el carácter imparcial, neutral y apolítico del Jefe del Estado, sin duda, esta es la gran ventaja de la monarquía sobre la república en España. Bastante politizadas están todas las instituciones para que también la Jefatura del Estado entre en la refriega política.
Dentro de la polarización que desde hace dos siglos sufre la vida política española y las tradicionales y muy negativas dos Españas, entiendo que es vital y muy equilibrador tener un Jefe del Estado que esté en una posición por encima y al margen del la contienda política, da estabilidad y serenidad a la jefatura del Estado, que de la otra forma, no tendría. Nadie duda que el Rey lo es de todos los españoles, y éste, es el gran logro de Juan Carlos I, fue su principal objetivo como eje de su reinado desde el 22 de noviembre de 1975 y nadie puede negar que lo ha cumplido con creces, siendo una tarea no fácil.
La segunda ventaja es el carácter simbólico y de unidad que tiene la corona -nuevamente artículo 56.1 CE- en una España siempre en vilo con ciertos nacionalismos decimonónicos y excluyentes. Un Presidente de la República no representa igual, ni de lejos, toda la historia y tradición que hay en una corona con muchos siglos de tradición, así lo reconoce implícitamente el artículo 57.1 CE cuando señala que Juan Carlos I es el “legítimo heredero de la dinastía histórica”.
Y por último, un tercer valor o ventaja indudable, el saber acumulativo de un monarca que lleva en primera línea de la vida pública nacional e internacional más de 35 años. Y, por qué no decirlo, el prestigio internacional y las puertas que ello abre en una gran parte del planeta. El Rey Juan Carlos ha conocido ya a seis presidentes del Gobierno, ha vivido muchos, diferentes y complicados momentos, su consejo y perspectiva de la realidad tienen un plus de conocimiento acumulativo que difícilmente puede lograr un presidente de la República.
No me parece mal que se valore la figura del Rey Juan Carlos, todo lo contrario, es de justicia y se lo ha ganado a pulso, pero el juancarlismo puede ser un caramelo envenenado para la institución y su futuro. El Rey Juan Carlos ha sido y es un gran Rey, su trayectoria institucional de más de 36 años de vida al servicio de España están ahí y su prestigio internacional es indiscutible, pero sería bueno que comenzáramos todos a valorar la institución de la monarquía y para ello hay que conocerla más fondo. Es verdad que cada rey se tiene que ganar a pulso la autoritas, y ese es el reto del sucesor y heredero, que será Felipe VI, pero ayudaría bastante que el pueblo español conociera mejor las ventajas de la monarquía parlamentaria para nuestra realidad nacional.
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