Viernes 13 de enero de 2012
No todos los nombramientos del nuevo Gobierno suscitan la misma aquiescencia. Si hace unos días destacaba el apoyo unánime que había recibido el nombre de Eduardo Torres-Dulce como futuro Fiscal General del Estado, no ocurre lo mismo con algunos altos cargos en Interior y Economía. En el primer caso, Jorge Fernández Díaz confirmaba ayer la nueva cúpula de la Policía Nacional, con Eugenio Pino Sánchez al frente de la dirección adjunta operativa y Enrique Barón Castaño de la Comisaría General de la Información. En el segundo, Luis de Guindos mantenía a Carmen Vela como Secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, pese a las críticas que había suscitado su pasado abortista y su firma en un manifiesto de apoyo a Alfredo Pérez Rubalcaba.
El relevo en Interior era una cuestión de orden público, nunca mejor dicho. Era de todo punto inadmisible que implicados en casos como el “Faisán” o las pruebas del 11-M siguiesen ocupando puestos al más lato nivel; máxime, cuando sus méritos eran más políticos que cualitativos. El caso de Carmen Vela es más bien el contrario: su currículum como científica la avala sobradamente para llevar a cabo la tarea que le ha sido encomendada. El tiempo dirá si su desempeño es o no satisfactorio pero, sobre el papel, nada hay que objetar al criterio de Luis de Guindos. Antes al contrario, eligiendo a alguien de “pasado progresista” deja de lado el sectarismo llevado a cabo por el anterior equipo de gobierno. Lo cual es ciertamente positivo y un progreso en el camino de elegir responsables en función de su competencia, en lugar del color de su carnet.
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