Mariana Urquijo Reguera | Lunes 16 de enero de 2012
La historia en Argentina está en plena rescritura. Las calles de las ciudades, los comentaristas políticos y las camisetas de la gente hablan de una construcción mitológica constante basada hoy en el personaje de Evita y en la persona de Cristina, la presidenta. Los paralelismos son constantes, la estampación de imágenes y esculturas de Evita por todos lados se acompañan de retratos de la presidenta en posiciones similares, iluminaciones iguales y miradas calcadas. El mito de Néstor ya está en imprenta. El pueblo tiene la leyenda en sus manos y la reproduce acríticamente. Así se intenta narrar una historia compleja desde la simplificación y el heroísmo de una historia monumental que une al país y elimina el necesario trabajo de la conciencia histórica.
Aparentemente, en la actitud contraria se encuentra el historiador Felipe Pigna que en su intensa actividad intelectual ha logrado crear un movimiento de desmitificación de la historia americana creando una perspectiva propiamente americanista contra la lectura europeísta. Lo llaman 'revisionismo'.
En su reciente obra “Mujeres tenían que ser” aplica un lenguaje igualitario en su relato de la lucha por la libertad y la igualdad de las mujeres argentinas o más bien, en Argentina, renarrando la historia para crear presente y futuro: un país mejor de argentinos mejores, parafraseando una frase suya. Reclama contar la historia incorporando a todas las mujeres, con apellido o anónimas, que fueron tan protagonistas de la historia como sus iguales y que sin embargo no aparecen ni en los libros ni en los monumentos de las plazas ni en los semblantes de los billetes de la moneda corriente. Usa un lenguaje directo y renombra a las personas y los procesos históricos. Humaniza a personas y condiciones de vida de cada periodo facilitando la comprensión de como se vivió en las diferentes situaciones desde antes de la llegada de los españoles hasta 1930.
Llama asesinos, putas valientes o genocidas a algunos procederes de la patria que según su opinión hay que bajar del pedestal. Nombrando y adjetivando desde el sentido común clarifica a un sin fin de personajes sin eufemismos y creando conceptos para transmitir nuevas valoraciones críticas dando al lenguaje la importancia que tiene a la hora de crear mundo e historia.
Propone una labor cívica en el relato de la historia pensando más en los argentinos por venir que en los que están. Contra la comparación cultural en la que siempre sale ganando Europa como referente, da la vuelta a la tortilla rehaciendo los estereotipos que suelen dejar 'por debajo' lo que es propiamente americano y 'por encima' lo que es de influencia europea.
A lo largo de su relato se centra en la denuncia de las supuestas bondades del colonialismo español y de la Iglesia que para él son más bien la implantación del capitalismo y de la doble moral; en épocas más cercanas hace una minuciosa descripción de la estructura y dinámica social y económica de la mitificada época en la que Argentina era “el granero del mundo”. Denunciando su opresión, sus injusticias y el modelo postitivista que aplicaron en el diseño de una supuesta modernización del país hacia el concepto de progreso industrial.
Y sin embargo, “la astucia del dominio, propias de la renovación nacional que hoy se apropia de la prehistoria como propaganda” (en palabras de Horkheimer y Adorno) se intuyen en la narración kirschnerista a la que Pigna no permanece indiferente. Desmitificando la historia se encuentra apoyando a un gobierno que emplea multitud de medios para mitificar a su actual gobernante. Pigna cuenta con todos los instrumentos y altavoces que hoy se puedan imaginar (programas de radio y TV, portales de internet, campañas de publicidad etc etc) medios que emplea siempre con un tono didáctico que llega a la población.
En las últimas semanas Cristina ha creado el “Instituto Nacional de Revisionismo Histórico e Iberoamericano Manuel Dorrego” al que Pigna se ha sumado. Entre sus objetivos se propone "profundizar el conocimiento de la vida y obra de los mayores exponentes del ideario nacional, popular, federalista e iberoamericano" así como “el estudio, la ponderación y la enseñanza de la vida y obra de las personalidades de nuestra historia y de la Historia Iberoamericana..." que "...obligan a revisar el lugar y el sentido que les fuera adjudicado por la historia oficial, escrita por los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX”. No deja de ser llamativo que un proyecto crítico siga buscando una versión oficial, una versión más definitiva, más completa y más cabal que las anteriores.
Pretendiendo tener menos prejucios y pretendiendo ser más justa, decora e ilumina las nuevas mitificaciones y mistifaciones que ya operan en la calle y en la Academia y en las urnas. Se siguen encomendando a los hechos cuando ya hace más de un siglo que deberían tener en cuenta más bien las interpretaciones y el ejercicio del poder que con ellas se ejerce. Y mientras, la historia en vez de liberarnos de la tediosa y brutal repetición de los errores del pasado, nos sigue sumergiendo en la espiral de la lucha entre vencedores y vencidos, como si fueran buenos y malos en vez de buscar en las condiciones materiales el germen de nuestros males, ayer, hoy y mañana.