Martes 17 de enero de 2012
A medida que van conociéndose datos del naufragio este pasado fin de semana del crucero “Costa Concordia”, crece la indignación entre los pasajeros que tuvieron la desdicha de ir a bordo. Lo que se presumía un viaje de placer acabó tornándose en una autentica pesadilla, con el embarrancamiento del buque como resultado, y con la muerte y desaparición de varias de las personas que iban a bordo. La compañía se enfrenta a un panorama financiero nada halagüeño, con muchos millones de euros perdidos.
Quizá sea el momento de revisar la legislación europea en esta materia. Al principio de un vuelo comercial, el personal de cabina da una serie de indicaciones básicas sobre la seguridad de la aeronave. En el caso de los cruceros, además, es obligatorio que todos los pasajeros realicen un simulacro de evacuación del barco. Parece claro que, pese ha haberse realizado, ninguna o casi ninguna de las especificaciones en este sentido se cumplieron: no ya por el capitán, ausente, aunque máximo responsable, sino por el resto de la tripulación, cuyo papel no estuvo en absoluto a la altura de las circunstancias. Afortunadamente, este tipo de sucesos no son en absoluto habituales pero es de todo punto imprescindible depurar responsabilidades al más alto nivel, y adoptar cuantos cambios normativos sea precisos para optimizar al máximo la seguridad, derechos y obligaciones de pasajeros y tripulantes.
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