primera salida del presidente del gobierno
Martes 17 de enero de 2012
Por novena vez desde que dieran comienzo las relaciones bilaterales entre España y Marruecos en 1991, ambos países celebran una cumbre a partir de este miércoles, la primera con Mariano Rajoy como jefe del Ejecutivo. Más de dos décadas de unas relaciones diplomáticas especiales, llenas de tiras y aflojas, que han convertido al reino alahuita en un socio prioritario para nuestro país. Tal es así que es tradición que Rabat sea el primer destino que visita un presidente español tras ser investido.
El jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, inaugurará este miércoles una nueva página en la convivencia entre España y Marruecos con la tranquilidad de haber recibido en herencia de su antecesor, José Luis Rodríguez Zapatero, unas relaciones en calma y deseosas de abundar en la cooperación, más que en la disputa.
Las tensiones que se sucedieron a finales de 2009 y durante todo 2010 -quejas en el trato de la policía en la frontera de Melilla, los sucesos del campamento de El Aaiún y la huelga de hambre de Aminatu Haidar- dieron paso a una etapa de armonía, prolongada durante los últimos doce meses, en los que el Gobierno socialista optó por la vía pragmática.
La visita del rey a Mohamed VI en Marraquech pocos días después del atentado ocurrido en esta ciudad y los elogios de España a las reformas democráticas impulsadas ante la presión de las revueltas árabes han sido claves para consolidar el actual ciclo de apacibilidad.
También la figura del embajador de Marruecos, el saharaui Ahmedu Uld Suilem, quien aterrizó en Madrid hace un año, tras varios meses con el puesto vacante, y cuyo carácter moderado ha aportado sosiego. Ni siquiera la reciente ruptura del acuerdo de pesca entre la UE y el país magrebí han hecho mella por ahora, y ha primado más el ánimo de buscar una solución que el de alejar las posturas.
A pesar de los recelos que el PP ha provocado en los últimos años en la clase política marroquí, en especial por el recuerdo del pulso por el islote de Perejil en 2002, en la parte final del mandato de José María Aznar, la llegada al poder de Rajoy se ha acogido con esperanza.
Mohamed VI ha contribuido con la felicitación al día siguiente de su triunfo electoral y con la conversación telefónica mantenida el pasado día 3 para dejar constancia del deseo de "profundizar en las líneas estratégicas" de la relación. Rajoy ha correspondido respetando la tradición de que el reino alauí sea el primer destino tras tomar posesión como nuevo jefe de Gobierno, con el matiz de haber recibido dos días antes en Madrid al presidente francés, Nicolas Sarkozy.
La nueva fase que se abre con Rajoy coincide con el estreno del nuevo gabinete marroquí, que por primera vez estará dominado por los islamistas. A su mando, Abdelilah Benkirán, quien ya ha mandado señales conciliadoras, sin olvidar que hubo "fricciones pequeñas y grandes en el pasado". Vamos a intentar olvidar todo eso e ir en la buena dirección", propuso hace un mes el carismático líder islamista, pocos días después de ser aupado en las urnas.
A la buena predisposición ha ayudado la parálisis que sufre el contencioso del Sáhara Occidental, un escollo tradicional en las relaciones bilaterales desde hace más de tres décadas, junto a la cíclica y latente reivindicación marroquí de las ciudades "ocupadas" de Ceuta y Melilla. Por el momento, el apoyo implícito del PP al referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui, plasmado en su programa electoral, no ha avivado las suspicacias.
Desde Moncloa, hay convicción de que tal postura no interferirá en la relación con Rabat, a la espera de que Rajoy dé su parecer sobre el plan de autonomía para la excolonia española que Marruecos mantiene inamovible como solución al conflicto. El PP quiere por ahora anteponer la cooperación migratoria y policial y el fomento de las relaciones económicas, además de seguir tendiendo puentes entre Marruecos y la UE.
Buena prueba para calibrar la sintonía que puede haber entre los dos nuevos gobiernos será la convocatoria o no en breve plazo de la reunión de alto nivel, pasados ya tres años desde su última edición. La conmemoración el pasado año del vigésimo aniversario del Tratado de Amistad parecía la 'percha' propicia, pero la recta final de Zapatero y los procesos de cambio en Marruecos aconsejaron el aplazamiento.
Tensión y distensión a partes iguales
Las relaciones entre España y Marruecos quedaron institucionalizadas al más alto nivel en julio de 1991 con la firma del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación suscrito en Rabat, por el que dejaron a un lado las diferencias iniciadas desde 1975, con la Marcha Verde que forzó la salida de España del Sahara.
Desde entonces, se han celebrado nueve reuniones de alto nivel, la última de ellas, en diciembre de 2008 en Madrid. Asimismo la situación de Ceuta y Melilla, que Marruecos reivindica periódicamente por considerar ciudades ocupadas, y el conflicto del Sáhara Occidental son los dos principales escollos que permanecen inalterados desde esta firma.
En cuanto a las relaciones pesqueras fueron reguladas, por primera vez, en 1992, cuando Marruecos firmó el primer Acuerdo de Pesca con la CEE. Pese a sus diferencias los acuerdos de pesca originarios fueron renovados en 1995, 2005 y 2009. l asunto soberanista de Ceuta y Melilla pretendido por Marruecos desembocó en un nuevo desencuentro en 1994, cuando se aprobaron los Estatutos de Autonomía de ambas ciudades en septiembre de ese año. Ello llevó a Marruecos a solicitar a la ONU la "devolución" de los territorios a su reino.
En octubre de 2001 arrancó una crisis diplomática al retirar Marruecos a su embajador en Madrid y cancelar después la Reunión de Alto Nivel prevista para diciembre, debido a la postura española sobre el Sáhara Occidental. A esta crisis se sumó, en julio de 2002, la ocupación marroquí del islote de Perejil, acción que Rabat justificó como parte de su estrategia de "lucha contra la inmigración clandestina y el terrorismo".
Una vez sellada la reconciliación el primer ministro marroquí, Driss Yetú, visitó España en junio de 2003 donde se reunió con el presidente Aznar y en diciembre se celebró en Marrakech la VI Reunión de Alto Nivel en la que se decidió crear un órgano permanente para la cooperación en el combate de mafias y el tráfico de inmigrantes.
La llegada al gobierno del socialista Rodríguez Zapatero, en 2004, abrió una nueva etapa en las relaciones después de que este eligiera Marruecos para realizar la primera visita oficial al extranjero.
En noviembre de 2007 estalló una nueva crisis tras la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla que Marruecos calificó de "lamentable", y llamó a su embajador en Madrid a consultas. La crisis se zanjó en enero de 2008 con la vuelta del embajador marroquí. Este año terminó con la firma del mayor acuerdo financiero suscrito entre ambos países dentro de la IX reunión de Alto nivel de Madrid.
Entre noviembre y diciembre de 2009, el caso de la activista saharaui, Aminatu Haidar desató un nuevo desencuentro después de que ésta fuera detenida por la gendarmería marroquí al llegar a El Aaiúm procedente de España, a dónde fue devuelta, tras negarse a firmar como nacional marroquí. Después de 32 días en huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote, durante los que tuvo en jaque al gobierno español, Marruecos permitió su regreso al Aaiún.
Las tensiones entre ambos países rebrotaron en el verano de 2010 tras las quejas marroquíes por el trato recibido por sus nacionales en el paso fronterizo de Melilla y con la condena del Congreso de los Diputados sobre la violencia en el desalojo del campamento de El Aaiún en noviembre de ese año. Con la llegada a Madrid en enero de 2011 del nuevo embajador marroquí, el saharaui Ahmedu Uld Suilem, la situación se calmó y terminó de encauzarse con una visita privada del Rey Juan Carlos a Marraquech el 9 de mayo de 2011, días después del atentado cometido en esta ciudad.
En julio de 2011 se cumplió el vigésimo aniversario del Tratado de Amistad coincidiendo con la aprobación de la reforma constitucional planteada por Mohamed VI en un referéndum.
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