Miércoles 18 de enero de 2012
Esta es la pregunta que comienzan hacerse los colombianos antes las intensificación de las actuaciones de la narcoguerrilla en los últimos días en la frontera con Venezuela. Todo ello sumada a la misiva enviada la semana pasada por Rodrigo Londoño Echeverrí, alias “Tomochenko” que instaba a Juan Manuel Santos a retomar las negociaciones de paz de 2002, impulsadas en 1998 por el expresidente Andrés Pastrana y suspendidas por sucesor, Álvaro Uribe.
Una situación a la que se le suma el destape informativo por parte de la prestigiosa revista ‘Semana’, que desveló,- con base a la información de los ordenadores de Raúl Reyes-, los nexos que han habido entre las FARC y altos funcionarios del gobierno de Hugo Chávez, concretamente con su actual ministro de Defensa, Henry Rangel Silva, quien era el enlace central entre el grupo rebelde y el Ejecutivo chavista.
Si bien Santos ha negado de que “haya bajado la guardia” y rechaza cualquier iniciativa de diálogo con la guerrilla, a menos que esta abandone definitivamente las armas; lo cierto es que su neutralidad ante a su homólogo de Caracas con respecto a la posible de presencia de insurgentes en territorio venezolano, que “Timochenko” utilizaría como centro de operaciones, desconcierta tanto en las bases de su gobierno como a sus ciudadanos que desean un fin del conflicto y que sienten que están más cerca que nunca de lograrlo.
Los reportajes publicados por ‘Semana’, e incluso el diario colombiano ‘El Tiempo’, más que una novedad son la confirmación de un secreto a voces que tanto los analistas como la oposición venezolana llevan denunciado por años y que ha de preocupar al gobierno de Nariño. Las FARC han hallado oxigeno en las simpatías que despierta en Venezuela y esas alianzas peligrosas son las que pueden echar por traste los buenos resultados de una dura empresa emprendida hace una década.
Santos ha de tener los ojos muy abiertos y ser más suspicaz. No puede dejarse llevar exclusivamente por el pragmatismo diplomático y comercial, debido a que Chávez no inspira confianza y menos en su país en donde se le ve con especial recelo.
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