Marcos Marín Amezcua | Jueves 19 de enero de 2012
A tres meses del anuncio del cese al fuego de ETA, con todos los resquemores que acarreó, nos topamos con que el tema parece detenido y con interesantes cabos sueltos que quisiera enumerar, llamando sobre ellos la atención de todos ustedes. Son cabos sueltos que percibo, no se han abordado siempre a cabalidad y en ultramar no los perdemos de vista, por considerarlos torales.
Para empezar, ya se ha sabido del dubitativo comunicado del 20 de octubre de 2011, de macarrónico lenguaje y antes, de la tregua de inicios de ese año. Pero luego ha venido una especie de amago, el doblez que han contenido las palabras de la banda terrorista y todo el empantanamiento que le han seguido, acompañado de la ausencia del mea culpa y ni siquiera del necesario asumir ninguna responsabilidad por su actuar. Quede claro que el terrorismo jamás es justificable y siempre será atendible a manera de afrontar y resolver sus demandas, pero solo en la forma en que sea más conveniente a los intereses democráticos de la sociedad española en su conjunto, en aras de la paz.
En segundo lugar, todo el asunto no ha quedado claro al cien, pese a la declaración de Rajoy en su entrevista con Sarkozy diciendo: “El Estado de Derecho no está en suspenso y no lo va a estar”.¿Por qué? pues porque los procesos judiciales en marcha no se suspenden (las últimas detenciones en Francia o la extradición de Tomé Quiroga desde Bélgica a inicios de enero de 2012, lo confirman) pero desconocemos qué hay con los detenidos presuntos etarras localizados antes en México o en otros países de Hispanoamérica. ¿Cambiará su situación legal tanto en un proceso judicial como de condición, por el solo comunicado de ETA? No ha habido me parece, claridad y contundencia de ambas partes –España y los etarras–, para definirlo. Nadie dice esta boca es mía ni en un sentido ni en otro, y parece como algo dejado un poco de lado desde que se emitió el comunicado de ETA de octubre de 2011, con el que cesaba definitivamente su actividad armada.
El tercer cabo suelto muy unido al anterior, consiste en que poco o nada se ha dicho de qué pasará con quienes hubieran vivido ocultos o con una vida regenerada. Qué pasa con las demandas de regreso de los autollamados presos y exiliados que reclama el “Colectivo de refugiados políticos vascos”, de las extradiciones pendientes y si algo se modificará. Pasan las semanas y ni señales de pronunciamientos precisos al respecto, que arrojen luz a tanta pregunta. A mí al menos, dándole seguimiento a la cuestión, me parece bastante confusa, dispersa y carente de la transparencia y la contundencia que requeriría el tratamiento por parte de todos, del trascendental asunto.
Desde que se produjo el anuncio de ETA del pasado 20 de octubre de 2011, hemos podido seguir con puntualidad en El Imparcial la evolución de todo el entramado y la ambigüedad con que se ha conducido. Desde este otro lado del Atlántico, la prensa mexicana reproduce los artículos españoles que lo abordan y coincide en preguntarse si esto, de verdad, es o no el advenimiento de la paz para el País Vasco, haciendo votos para que eso suceda. Considero que aún suponiendo que el comunicado del 20 de octubre hubiera sido una especie de jugarreta electoral de los etarras y hasta del gobierno Zapatero de cara al 20-N, cierto es que se ha quedado como en nada (sin valorar a grupos políticos específicos que ganaron escaños) y esa es la sensación que prima de este otro lado del océano, como si faltara ver algo definitivo que no acaba de llegar; pues tampoco se ve que se resuelva el conflicto ni tampoco se avanza en desmantelar a ETA ni se autoinculpa ni se va ni renuncia a las armas ni nada.
Otro cabo suelto es la continuidad de los ribetes del discurso independentista que no desaparecen de blogs con lenguajes rudos, que comparan la presunta independencia del País Vasco con las hispanoamericanas respecto a esa entidad llamada España. La cortedad de miras y la forzada interpretación pseudohistórica pierde de vista por ejemplo, que existe un País Vasco francés, y curiosamente no es en ni a Francia a la que se prodigan los varapalos. Desde allí resulta asaz sospechoso el discursillo separatista, que lo hace nada creíble.
¿Todo normal? me llama poderosamente la atención que la representación del País Vasco en México, similar a la existente de otras autonomías, invariablemente solo hace ondear la Ikurriña. No ondea la bandera española, la rojigualda, no, pese a que cuenta con tres astabanderas en el frontispicio de su sede. En efecto, no la enarbola la representación situada en la Avenida Horacio casi esquina con Moliere en el barrio de Polanco de la capital mexicana, a solo once calles de distancia de la embajada española y sobre la misma arteria (en Horacio y Galileo). Y entiendo que ninguno de los partidos satélites de ETA encabeza el gobierno autonómico en Vitoria o establece las directrices de su presencia exterior. Tomemos nota de ello, también. No es que me moleste, pero si lo veo más como una provocación lamentable e innecesaria, cuando en la Península se clama y se reclama por la feliz convivencia y la ansiada paz. ¿Qué les impide izar la bandera española vigente junto a la Ikurriña?
Y entonces cunde el desánimo, pues queda la sensación de que nada ha cambiado y eso de la reconciliación se antoja lejano.
Han pasado tres meses y al menos en ultramar, como si nada. Acaso una leve sensación de alivio nos induce a esperanzarnos confiados en que de verdad será un hasta aquí. La solución con justicia la merecen España y el País Vasco.
Cuando a través de sus medios voceros, ETA da como a cuentagotas sus comunicados y no acaba de concretarse nada, queda la idea de que no hay ánimo real de terminar su proceder. Su lenguaje enuncia solo un lenguaje de corte unilateral, con sabor a borrón y cuenta nueva sin responsabilidades, sin compromisos hacia terceros, clamando amnistía y diálogo que, suponemos, involucra a España y a Francia por igual, pese a que España ha llevado y por mucho, la peor parte. ¿Dialogar? ¿para qué? ¿qué hay que dialogar? La recién captura de etarras en Francia, quienes estaban armados hasta los dientes, hace dudar de todas las intenciones manifiestas de ETA. Lo dicho: en este asunto hay todavía muchos cabos sueltos en torno al 20 de octubre, que merecen no obviarse y hay demasiados silencios y preguntas sin respuestas definitivas alrededor de ellos, como para echar las campanas al vuelo o para bajar la guardia.
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