Alieto Guadagni | Jueves 19 de enero de 2012
Las inversiones directas de origen externo (IDE) pueden significar un apoyo importante al esfuerzo de cada nación por fortalecer su crecimiento económico, ya que estas inversiones son un aporte no solo a la acumulación de capital sino también al avance tecnológico. Por esta razón es alentador observar el buen desempeño de estas inversiones en los últimos años en América Latina. El 2011 fue el mejor año (desde el 2002) para la región desde el punto de vista del aporte de IDE, es decir de inversiones vinculadas a la producción. Toda la región recibió la cifra record de 130.000 millones de dólares, lo que significa un 73 por ciento por encima del año 2010 y 85 por ciento más que en el 2009. Brasil recibió 81,000 millones de dólares (es decir nada menos que el 62 por ciento del total con apenas la tercera parte de toda la población de la región)), seguido por México con 9.800 millones, Perú 7.300, Chile 7000, Argentina 3.900. Si tenemos en cuenta la población, toda la región fue receptora en 2011 de 130 dólares por habitante, pero con grandes diferencias: Uruguay recibió 770 dólares per cápita, Brasil y Chile 412, Perú 243, Venezuela 124 y Argentina 98.La evolución de las IDE ha sido positiva en los últimos años, baste decir que – según las cifras de CEPAL- se incrementaron nada menos que un 103 por ciento entre los quinquenios 2002-2005 y 2007-2011, ya que pasaron de 230.753 millones de dólares a 469.670 millones, es decir mas que se duplicaron.
Este aporte de las IDE es importante ya que significa algo más del 8 por ciento de todo el PBI de América Latina y el Caribe. Pero no todos los países de la región fueron receptores de IDE en igual proporción, ya que mientras en el quinquenio 2007-2011 la IDE promedio por latinoamericano alcanzo a 824 dólares, este valor trepa a 3600 dólares en Panamá, 3200 en Uruguay, 2070 en Chile, 1640 en Costa Rica, 1059 en Brasil y 1040 en Perú. Pero aclaremos que las IDE no representan todo el movimiento de capitales de cada nación con el exterior, también hay que computar los movimientos de capitales puramente financieros que pueden reforzar pero también anular los efectos positivos de un aporte tipo IDE. El balance de estos movimientos financieros en la región también es positivo con un saldo a favor de 20.000 millones de dólares en el quinquenio 2007-2011, pero esta cifra encubre grandes disparidades, por ejemplo un saldo positivo de 213.000 millones en Brasil, uno negativo en Argentina de 60.000 millones y otro también negativo de 120.000 millones en Venezuela. Una política económica es inteligente cuando es capaz no solo de retener en sus fronteras su propio ahorro interno, sino también atraer sin prebendas ni corrupción inversiones externas orientadas a la producción.