Periódicos, políticos y empresas han manipulado durante años fotografías con idea de reflejar una imagen que difiere de la realidad. En Fotografía sin verdad. El poder de la mentira, Diego Caballo y Daniel Caballo, fotógrafos de larga experiencia y doctores en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, aportan las claves de esta práctica y alertan a los lectores sobre el impacto que tiene engañar a través de instantáneas.
“La fotografía ha estado unida a la manipulación desde su nacimiento”, comenta a este periódico
Diego Caballo, coautor junto a Daniel Caballo del libro
Fotografía sin verdad. El poder de la mentira (Editorial Universitas), en el que explican los entresijos de este engaño visual a través de 200 ejemplos.
La propaganda orquestada por las dictaduras encabezadas por
Stalin, Hitler o Franco incluía la fotografía como medio de aplacar a las masas, contentar a partidarios o engañar a enemigos. El objetivo era evitar mostrar al líder en situación de inferioridad, como también eliminar a individuos incómodos, entre otras lindezas propias de regímenes autoritarios como estos. Sin embargo, no fueron los únicos en utilizarla, ya que se trata de una práctica asociada a la propia existencia de esta disciplina.
Fotografías manipuladas de Hitler y Franco (izq.) y de Stalin (dcha.).
“Primero trató de parecerse a la pintura coloreándose por partes, como ocurría cuando los pómulos de las damas eran destacados de forma artificial”, dice Caballo, quien matiza que, desde sus orígenes, esta disciplina “ha estado ligada al fotomontaje”. Para explicarlo, comenta el caso de una
instantánea de Edward Sheriff Curtis (1868-1952) que mostraba a dos indios americanos junto a un reloj despertador, un objeto que le incomodaba en su propósito de reflejar el aislamiento de esta población ajena, supuestamente, a los adelantos de la civilización moderna. La solución fue eliminarlo de la imagen.
Uno de los peligros de este tipo de engaño es la pérdida de autenticidad. Para apoyar esta idea, Caballo cita el tratamiento al que fueron sometidas las imágenes de los atentados del
11 de marzo en Madrid. En aquella ocasión, ciertos medios de comunicación escritos publicaron las instantáneas de la tragedia de una forma que no se ajustaba a la toma original. “Hubo periódicos que las modificaron, otros añadieron texto encima y los hubo que las publicaron en blanco y negro para restar crudeza a la escena”, detalla.
En la fotografía izquierda, la piel de Barack Obama fue blanqueada.
Precisamente, en los
medios de comunicación han sido documentados numerosos ejemplos. En su libro, Caballo cita casos de manipulación tan sonados como el retoque de los michelines del presidente francés, Nicolas Sarkozy, publicado en
Paris Match en 2007, el blanqueamiento de piel al que fue sometido Barack Obama durante su campaña electoral o la supresión de una sortija del dedo de Rachida Dati, ex ministra de Justicia francesa, en la portada de
Le Figaro.
“A Obama le blanquearon la piel para tratar de ganar más votos, mientras que a Tony Blair le modificaron sus rasgos para hacerlo más afeminado”, comenta Caballo, quien sostiene que este tipo de engaños puede llevar a dos circunstancias: o se logra lo que se pretende con la manipulación de la imagen o, al desvelarse el
engaño, lo que sucede es que “el personaje se vuelve menos creíble”. Ocurre lo mismo cuando se trata de fotografías de tipo comercial. Así, Caballo afirma que ante su queja por la sustitución de una bandera de España en una instantánea por un logo de Leche Pascual en una competición deportiva, la respuesta que obtuvo de la empresa fue que, de denunciarlo, “daría más publicidad a Pascual”. Unos hechos que recuerdan a lo acontecido con una marca de ropa íntima de Brasil, que utilizó para promocionar sus productos una instantánea de Hillary Clinton en la que se le veía en un descuido la ropa interior.
Portadas de Time y Newsweek del 27 de junio de 1994, y de 2011.
Así pues, los políticos no han sido ni son el objetivo único de esta práctica. También hay casos en información deportiva, en moda o en concursos. “En una portada de
Diez Minutos, la cabeza del ex jugador de fútbol Emilio Butragueño fue colocada en el cuerpo de su cuñado y, en una primera página del diario
As, la cabeza de Diego Tristán fue sustituida por la de Fernando Morientes”, cita Caballo. En moda y cine han sido sonoros los casos del retoque con
photoshop de la modelo Filippa Hamilton para un
cartel publicitario de Ralph Lauren, en el que se la veía excesivamente delgada, o el aumento de pecho del que fue objeto la actriz Keira Knightley para el cartel de la película
El rey Arturo. Sobre los concursos de fotografía, sólo en 2010 fueron retirados los premios World Press Photo y Veolia de Fotografía de Naturaleza a los ganadores del certamen por incurrir en una manipulación.
Mientras que a la
fotografía analógica había que practicarle un corte con un bisturí para llevar a cabo el engaño, gracias a las nuevas tecnologías el procedimiento se ha hecho más accesible, algo que le lleva a afirmar a Caballo que “la era digital facilita la manipulación”.
El montaje final fue publicado en Los Ángeles Times con el consiguiente despido del fotógrafo
Preguntado sobre dónde comienza y termina la responsabilidad de los
fotógrafos, Caballo explica lo que acontece habitualmente en las redacciones de los medios de comunicación para dar su respuesta: “El fotógrafo es el responsable de la toma pero, después, la imagen entra en una cadena en la que tiene mucho que decir el equipo de edición, encargado de manejarla de acuerdo con el espacio con el que cuenta”. Ante la pérdida de prestigio que supone para un medio publicar algo no veraz, Caballo afirma que cada vez “hay más filtros”, como los Consejos de Redacción o los manuales de estilo, que frenan la llegada de imágenes retocadas a las páginas de los periódicos. A través de ellos, “se define cómo mejorar técnicamente una instantánea, pero nunca cómo desvirtuarla”.
El objetivo de este
libro es, en sus palabras, “contribuir a
que la historia no se modifique ni se amolde a una verdad fabricada” ya que, añade, “se ha demostrado que la imagen fija deja más poso en el subconsciente que la imagen en movimiento”.
La Escuela de Fotografía Centro de Imagen (EFTI), de Madrid, acoge una exposición a propósito de la publicación de este libro que se puede visitar hasta el 26 de febrero. La entrada es gratuita.