Cultura

M. Lourdes Castro: "Viajar supone para el artista un trabajo exhaustivo a pie de campo"

participa en la exposición [i]Siete mujeres maestras[/i], en la sociedad cervantina

Sábado 28 de enero de 2012
Entusiasta de su trabajo como pintora, M. Lourdes Castro acaba de volver de un viaje a China, que ha enriquecido su persona, pero también sus inquietudes artísticas. El 1 de febrero concluye la exposición Siete mujeres maestras, en la Sociedad Cervantina, donde muestra algunas de sus obras junto a otras destacadas artistas.

Algunas de sus obras ya fueron expuestas en Nuevos valores del arte español, organizada hace meses en la Sociedad Cervantina. Ahora que participa en Siete mujeres maestras, ¿qué opinión le merece la iniciativa de reunir arte firmado por mujeres?
¡Excelente! Claro, ¿por qué no? Realmente no me detengo mucho en el género de quien firma una obra, pero sin duda cualquier iniciativa que reúna pintura en torno a un criterio concreto es sugerente. Hace pocos días una amiga, viendo la exposición de Delacroix, me preguntaba por qué en la Historia del Arte había más pintores que pintoras. Sucedió lo mismo en muchas otras profesiones –le comentaba yo- o quizás hubiera más pintoras cuyos nombres no nos han llegado; en todo caso tener la oportunidad de contemplar la sensibilidad o el modo de trabajo de un grupo de mujeres es interesante, y al revés también lo sería, por supuesto.

¿Qué tiene de bueno para un artista compartir un espacio expositivo con otros profesionales?
El pintor, por ejemplo, pasa mucho tiempo solo frente al caballete y esta soledad –que no individualismo- es buena y necesaria, pero también es preciso compartir la experiencia o escuchar la de otros compañeros. Las exposiciones colectivas son buenas para el artífice y para el espectador. Durante la organización compartes tiempo de trabajo, se fraguan conversaciones, hay un intercambio de criterios, puntos de vista y crítica constructiva, que en mi opinión resulta casi imprescindible. En ocasiones, el comisario reúne a profesionales que no se conocen entre sí, esto nos da la oportunidad de acercarnos a otros métodos de trabajo, otras interpretaciones y otras personas. Es decir, lo consideremos por donde lo consideremos, es bueno. El montaje de una colectiva no es sencillo, en las paredes se reúnen diferentes caligrafías y colgar con acierto exige un ejercicio del cual se aprende. Por último el espectador. Me refiero a ellos porque son un eslabón importante de la cadena de cualquier disciplina. Creo que es una buena oportunidad para el espectador, ya que contempla diversos modos de hacer en un mismo espacio.

Mercedes Gómez Pablos me ha comentado que uno de sus cuadros le ha entusiasmado. Imagino que los artistas valoráis la opinión de los aficionados al arte que contemplan vuestras obras, pero ¿qué sensación despierta en usted que otro artista lo valore?
La opinión de un compañero es muy importante para mí, y no sólo conocer sus impresiones sino recibir un consejo u orientación, ya que en algunos momentos es casi imprescindible. Hablamos un mismo lenguaje porque si mi trabajo lo valora otro pintor, la satisfacción es grande, por supuesto. También me gusta mucho hablar con artífices de otras disciplinas del arte: bailarines, compositores, fotógrafos, arquitectos, escultores o profesionales de otras áreas de conocimiento, como un filósofo o un escritor. Todos ellos pueden decir cosas que responden a conceptos que compartimos en su esencia, los cuales se pueden exportar o importar. El enriquecimiento es recíproco y se multiplica.

En las dos exposiciones de la Sociedad Cervantina ha presentado obras con el paisaje como tema principal, aunque no único. ¿Ha sido y es el paisaje determinante en su trayectoria artística?
Trabajo mucho tomando el paisaje como punto de partida pero, en realidad, lo determinante son los estímulos que recibo de un entorno determinado o en un momento concreto, frente a un paisaje, una naturaleza muerta, una escena, una figura y, por lo mismo, un tejido o una textura. No necesariamente hay una temática exclusiva. Lo que sí se repite en mi proceso de trabajo es partir de la naturaleza, teniéndola, sea el motivo que sea, como referencia. Hoy por hoy no puedo imaginar la pintura sin la contemplación del natural.

Me intriga saber por qué utiliza la madera y no el lienzo como soporte de sus pinturas. Según su experiencia, ¿qué posibilidades tiene este material que no tiene la tela?
Según el trato que le doy a la materia y conforme a la impronta de mi pincelada, me resulta muy gratificante encontrar un soporte rígido. Pinto peleando con la superficie: los arrastres, la carga matérica en algunas zonas, el acto de poner y quitar pintura sucesivas veces puede agotar el soporte. La madera tiene posibilidades diferentes a las de la tela, pero sucede lo mismo al revés, así es que dependiendo de cada trabajo es importante pensar qué soporte es más adecuado.

Acaba de volver de un viaje a China, lo que confirma el interés de los artistas por viajar y encontrar inspiración más allá de su hogar o cotidianidad. ¿Es así? ¿Qué le ha aportado esta experiencia artísticamente hablando?
Este periplo forma parte de un proyecto en el que trabajo desde hace años. El viaje como fuente de conocimiento acompaña a la Historia de la Humanidad. Los pintores siempre han sentido esta necesidad de conocer y enriquecerse contemplando otras tierras. Movida por esta misma inquietud, hice un primer viaje y desde entonces las estancias en otros países las he considerado como uno de los medios de formación que procuro llevar a cabo permanentemente. Y digo formación porque entiendo que verdaderamente el viaje -que puede vivirse de muchas formas- es un medio de estudio, como tantos otros, y un trabajo exhaustivo a pie de campo. El enriquecimiento humano y profesional –lo cual desde mi punto de vista, va indisolublemente unido- es grande, enorme. Ha sido mi primera estancia en Extremo Oriente. China tiene un paisaje soberbio, la atmósfera, sus formas, los colores, la arquitectura… Las diferencias con Europa son sobresalientes. La naturaleza ha evolucionado y crecido con otras proporciones y todo ello puede alimentar mi intelecto, mi paleta y mi caligrafía. He podido acercarme a pueblos cuyo día a día es diametralmente diferente al nuestro: otros rostros, otra indumentaria, otras tradiciones. Vivirlo de cerca, dibujar con ellos, recibir los estímulos directos y sin ningún filtro, tomar el tiempo que sea necesario para registrar las impresiones y procurar notas que forma traduzcan toda esta experiencia, es una oportunidad preciosa. Recorrer un país, y contemplarlo reflexionando sobre su paisaje y su pueblo, con los lápices en la mano, es la aportación más valiosa de estos viajes. Contemplar en directo obras de la pintura tradicional china y los paisajes donde trabajaron los maestros es tan rico como emocionante. Tengo mucho que aprender de los conceptos de base de esta pintura.

Dado que se trata de una muestra en la que es posible adquirir las obras exhibidas, ¿qué sensación le produce desprenderse de una obra?
Cada trabajo tiene un recorrido, un proceso de gestación. El pintor pasa muchas horas al pie del caballete reflexionando sobre la obra, madurándola, peleando por sacarla adelante y, dependiendo de cada trabajo, esto dura más o menos y se resuelve en un numero de sesiones breves o largas. Y en esta actividad vuelcas entusiasmo y pasión, por lo que se establece un vínculo entre la obra y su artífice. Pero como he dicho antes, el espectador también es un eslabón de la cadena. Si una persona adquiere pintura, aunque puede ser por muchas razones, yo me quedo con una de ellas: le interesa la pintura y vibra con ella. Si una persona me compra un cuadro es porque quiere tener esa pintura cerca. En ese momento creo que el cuadro está listo para seguir su andadura en otras manos. Hay algunos trabajos de los que no deseas desprenderte, en mi caso suelen ser notas hechas en un lugar especial, en condiciones determinadas, dibujos o cuadernos que responden a una vivencia concreta, en ese caso los guardo porque son muy íntimos y porque hay en ellos datos que me ayudarán para seguir madurando algún proyecto. Son herramientas de trabajo. Pero me alegra mucho, muchísimo, ver que un cuadro vaya a parar a otras personas, incluso aunque pueda tener tintes de nostalgia, a mí me queda lo que he aprendido haciéndolo, los momentos de gozo o de lucha durante su proceso, esto –que es muy valioso– siempre se queda con el artífice.

Información sobre la exposición:

Lugar: Sociedad Cervantina (Calle Atocha 87, Madrid)

Horario: de lunes a viernes de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 / sábados de 11:00 a 14:00

Abierta hasta el 1 de febrero.








Calle Segovia I

Óleo sobre madera 30 x 24 cm

Precio: 250 euros

















Parque de Atenas II

Óleo sobre madera 30 x 24 cm

Precio: 250 euros

















Desfiladero del Pirineo I

Óleo sobre lienzo 65 x 54 cm

Precio: 450 euros















Rivera del Manzanares V

Óleo sobre madera 65 x 54 cm

Precio: 450 euros















Rivera del Manzanares VIII (anochece)

Óleo sobre madera 50 x 40 cm

Precio: 400 euros















El porche del taller IV

Óleo sobre madera 30 x 24 cm

Precio: 250 euros

















Rivera del Manzanares III

Óleo sobre madera 30 x 24 cm

Precio: 250 euros







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