David Ortega Gutiérrez | Martes 24 de enero de 2012
La vida tiene curiosidades y al menos, que yo sepa, dos unieron a don José Pérez de Vargas y a don Ramón Carande. Tiene don Ramón Carande un particular libro titulado Galería de Raros, donde describe a distintos personajes ilustres pero que, por diferentes avatares de la vida, siendo conocidos y reconocidos en sus círculos, no llegaron a ser personalidades públicas o popularmente conocidas. La intención de don Ramón Carande al escribir su libro era precisamente esa, sacarles así del anonimato y hacerles conocidos al gran público. Don José Pérez de Vargas podría haber sido perfectamente uno de esos personajes que Carande describió en su libro, por las razones que ahora expondremos. También el nombre del campus de la Universidad Rey Juan Carlos donde el profesor Pérez de Vargas desarrollo su trabajo universitario estas dos últimas décadas, el conocido campus de Vicálvaro, en sus inicios se denomino Centro Universitario Ramón Carande.
El profesor don José Pérez de Vargas -Pepe para los amigos- ha muerto demasiado joven, con poco más de 61 años, un cáncer se lo acaba de llevar en menos de un mes. Para familiares y amigos, el impacto ha sido tremendo; sin embargo, hay personas que no mueren, su vida, su rica trayectoria, su empuje hace que con su desaparición física, su recuerdo empiece a cobrar mayor fuerza en nuestras vidas.
¿Qué nos ha dejado el profesor Pérez de Vargas? Lógicamente cada uno destaca de los otros determinadas cualidades o actitudes que le llaman la atención. De entrada, era un buen catedrático de Derecho Civil, sin ser yo especialista en la materia, así me lo trasmitió algún ilustre magistrado, dominaba el Derecho Civil. También fue un profesor universitario entregado a la institución, dedicó su vida a la universidad, básicamente a la Universidad Complutense de Madrid y desde su creación, a la Universidad Rey Juan Carlos, de la que fue Catedrático, Vicerrector y Director de su Fundación, dirigiendo con brillantez los cursos de verano de la URJC en Aranjuez. Sin olvidar, cómo no, su querido Colegio Mayor Pío XII en la ciudad universitaria, que durante tantos años dirigió.
El profesor Pérez de Vargas era poliédrico, amante de las buenas formas y las buenas maneras -en este sentido era un persona profundamente clásica-, las acompañaba de un elaborado y siempre desconcertante sentido del humor, su propia seriedad formal lograban desorientar al sujeto pasivo de sus bromas, inventaba con rapidez y sobre la marcha situaciones desconcertantes que ofreciera la coyuntura, tan disparatadas a veces que solo podías creártelas. A mí particularmente me cazó en unas cuantas. Junto a su buen sentido del humor y gusto por las buenas maneras, era también don José un hombre profundamente religioso, enormemente providencialista y de sólidas convicciones, se enfrento a la muerte con paz y serenidad cristianas.
Pero las dos cualidades que más destacaría yo del profesor Pérez de Vargas son su valor y su bondad. En un mundo light y amante de lo políticamente correcto, don José fue un hombre muy claro, alejado de la tibieza, con carácter, llamaba a las cosas por su nombre, y esto le granjeo no pocos enemigos, también muchos amigos. Pepe era muy amigo de sus amigos, fiel y leal, y era de los que en los momentos difíciles, se ponía a la cabeza. Compartí con el cerca de siete años de Consejos de Gobierno de la URJC y realmente en los debates tensos y problemáticos, en las situaciones delicadas, era el profesor Pérez de Vargas el que iniciaba el camino a seguir, con la ruta muy bien estudiada de a dónde y cómo quería llegar. Era Pepe un buen conocedor de la vida, de sus vicisitudes, de sus durezas, tenía mundo. Y lo más importante, era Pepe un hombre bueno, detrás de su pronto fuerte y su estilo directo, a veces demasiado directo, había un hombre comprometido con los suyos, con sentido claro del bien y del mal, y siempre dispuesto a que triunfará el primero y no avanzará el segundo. Realmente no se le podía pedir más. Le echaremos de menos, la ausencia de Pepe es de las que se notan, la importancia de su ejemplo es que hay que seguir dando la batalla por lo que uno cree, con rectitud y con firmeza, como él nos enseño a hacer.