Miércoles 25 de enero de 2012
Ha causado cierta alarma la composición del nuevo parlamento egipcio, por cuanto en su mayoría -tres cuartas partes- va a estar dominado por los islamistas. El partido liberal, uno de los principales actores en la llamada “Primavera Arabe”, apenas sí ha obtenido un diez por ciento de los escaños. Este porcentaje se reduce aún más en el caso de la representación femenina, prácticamente nula. Podrá gustar más o menos pero es, en cualquier caso, la voluntad del pueblo egipcio. Se da la circunstancia de que estos guarismos proceden del resultado de las primeras elecciones más o menos libres en mucho tiempo; habrá que respetar, pues, la decisión adoptada por los egipcios.
Y aprender la lección. Las corruptelas del partido de Arafat en Palestina trajeron a Hamas como voto de castigo y presunto garante del orden. Es más, hasta en la propia Venezuela sucedió un fenómeno parecido: la ciudadanía, harta de los manejos de los partidos tradicionales, optó por un tal Hugo Chávez como “alternativa”. En ambos lugares el remedio ha sido peor que la enfermedad. Que los islamistas egipcios recuerden, pues, el clima de libertad en el que obtuvieron la victoria, y lo mantengan. Sólo así podrán seguir legitimados. Más que nada, porque ahora el pueblo ha aprendido la lección de cómo se derriba un régimen tiránico, y tardará en olvidarla. Por el bien de todos.
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