Opinión

Las lecciones a la absolución de Camps

Viernes 27 de enero de 2012
Camps es inocente. Así lo ha dictaminado un jurado popular, que le absolvía del delito de cohecho impropio; o lo que es lo mismo, de haber aceptado trajes a cambio de favores políticos. En puridad, la sentencia admite una duda razonable; eso sí, insuficiente ante la ausencia de evidencias probatorias. Si a esto añadimos el exiguo margen de la votación del jurado -cinco contra cuatro-, tenemos que el veredicto de inocencia no es todo lo contundente que a Camps le gustaría, aunque sí pone fin a una larga pesadilla de filtraciones y juicios paralelos.

¿Quién restituye ahora el honor a Camps? El linchamiento al que ha sido sometido desde sectores sobradamente conocidos ha sido de todo punto incalificable. Una cosa es la legítima crítica política -la que puede achacarse al ruinoso estado de las cuentas públicas valencianas bajo su gestión, por ejemplo-, y otra muy distinta la descalificación personal desaforada. En este juicio ha quedado acreditado que el ex presidente de la Generalidad Valenciana podía haber escogido mejor de quién se rodeaba. Y, aunque eso no va contra la ley, tampoco es precisamente un ejemplo de la probidad y ejemplaridad exigible a representantes de la ciudadanía.

Sí va contra la ley, en cambio, la filtración de piezas del sumario cuando aún no se ha levantado el secreto. Todo lo que rodea al caso “Gürtel” constituye un ejemplo de cómo no se debe instruir una causa penal -por más que quien lo haga se llame Garzón- y del poco respeto judicial que hay en ocasiones al ámbito procesal. ¿Hay algún imputado por filtrar o difamar en este caso? Ninguno. Tampoco –dicho sea cambiando de color político- hay imputados por las filtraciones que están ocurriendo en el caso de José Blanco Y debería haberlos en ambos casos. En aras a la justicia, esa misma que se ha aplicado a Camps.

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