Este viernes llega a las salas Arrugas, la ópera prima del cineasta argentino Ignacio Ferreras basada en el multipremiado cómic homónimo de Paco Roca. Aborda una historia sobre la vejez y la pérdida de los recuerdos en formato animación orientado a un público adulto. Ternura y el punto exacto de melancolía para una obra distinta que opta a dos premios Goya, al de Mejor Película de Animación y al de Mejor Guión Adaptado, y que, en palabras de su director, “demuestra que con dibujos animados también se pueden contar buenas historias”.
El pasado martes,
Ignacio Ferreras estaba nervioso. El director de la película de producción española
Arrugas asegura en una entrevista con
EL IMPARCIAL, que fue sólo durante los 10 segundos que precedieron al anuncio de las candidatas finales al Oscar a la Mejor Película de Animación. “Sabíamos que podía ser, o no, había esas dos posibilidades”, reconoce. Finalmente, la ópera prima de Ferreras no llegará a la alfombra roja del teatro Kodak, pero su director considera que el camino recorrido hasta ahora por la cinta es ya “un éxito”.
No es para menos. La animación 2D de
Arrugas ha llegado este viernes a las salas españolas avalada por la crítica de todos los festivales cinematográficos por los que ha desfilado, incluido el prestigioso Festival de Cine de San Sebastián. Por si fuera poco –sírvase de antiinflamatorio en caso de dolor por la caída del Oscar- la cinta de Ferreras opta a dos estatuillas patrias: el
Goya a la Mejor Película de Animación y al
Mejor Guión Adaptado. Ahora es el turno del público, aunque el cineasta asegura sentirse “satisfecho, independientemente de la carrera que siga la película” tras comprobar que quienes ya han visto la cinta han reaccionado según las pretensiones de la cinta.
¿Cuál es esa reacción? ¿Qué se esconde detrás de
Arrugas? La película es una adaptación de la historia gráfica firmada por
Paco Roca que, con el mismo título, se convirtió en
Premio Nacional de Cómic del Ministerio de Cultura en 2008, entre otros reconocimientos. Como aperitivo de la trama, basta decir que la amistad de dos ancianos en una residencia geriátrica ocupa el primer plano. Y aunque el Alzheimer y la vejez flotan en el argumento, Ferreras puntualiza: “no es una película deprimente”.
“Se trata de mirar de cerca una parte de la vida, el final, que también existe y es inevitable… no sabría cómo calificar la película, porque es una historia triste pero el público termina riéndose en la sala muchas veces”, explica el director. Sensaciones que fuerzan la risa cuando aún no ha habido tiempo para secarse las lágrimas, avivadas por la más que probable identificación del público –así, en general- con la historia. ¿Quién no ha viajado por el declive vital de alguna persona cercana?
El propio creador de la idea original de
Arrugas, Paco Roca, se inspiró en familiares y amigos a la hora de crear a
Emilio y Miguel, los protagonistas del cómic que ahora se mueven y hablan en la película de Ferreras. “Hemos querido mantenernos fieles a la historia gráfica”, explica el cineasta, para quien el peligro de las adaptaciones es “irse demasiado lejos de la idea original”.
Así, los escenarios, los personajes y los mensajes saltan del cómic a la pantalla sin apenas mutaciones, dando como fruto una obra blanca, sencilla dentro de la complejidad del tema que aborda y evocadora de, quizá, un pasado menos caótico.
Frente a la acción y el frenetismo, a veces histriónico, que gasta en los últimos años la gran mayoría de películas animadas,
Arrugas regresa a la base del género con dibujos en
dos dimensiones, definidos en su trazo y transmisores de una sensación de total equilibrio.
“Yo, personalmente, vengo de trabajar sobre todo en 2D y como espectador también prefiero estas películas a las de tres dimensiones, así que supongo que esto es para mí algo muy natural”, explica Ferreras a este periódico. Para el cineasta, las tecnologías digitales y el 3D en animación cinematográfica “irrumpieron con mucha fuerza, pero
ya no son una novedad”.
“Hay muchas películas en 3D y, bajo mi punto de vista, se pueden volver un poco rutinarias: se cierran en una forma de narrar, normalmente en clave de comedia, que está muy bien… pero hay mucho espacio para ver y hacer cosas distintas”, argumenta.
Competir en los recovecos Apostar por la diferencia es una opción que puede catapultar a un director debutante directamente a la consideración de genio, pero también conlleva unos riesgos más elevados que jugar con las fórmulas comúnmente aceptadas y que aseguran una respuesta positiva al producto cinematográfico. En
Arrugas, no sólo se marca la diferencia con una estética más sencilla, que bebe directamente del comic, sino que la animación se dirige a un público que no frecuenta muy a menudo, al menos por voluntad propia, el género: los adultos.
Aunque lo piensa unos segundos –probablemente intentando abstraerse de una vida profesional volcada en la animación-, Ignacio Ferreras sí detecta cierta “aventura” al debutar en la dirección con este planteamiento. “Hay que convencer a la gente para que deje de pensar que la animación es exclusivamente para niños, hay que hacer ver que una película de dibujos también puede contar una historia que valga la pena, como cualquier filme de acción real”, expresa.
De ahí que la presencia de
Arrugas en los premios Goya de este año no enorgullezca al director tanto por la nominación de la cinta a Mejor Película de Animación, como por la candidatura a Mejor Guión Adaptado. Si en la edición pasada de los Oscar fue
Toy Story 3 la que sorprendió colándose en las nominadas a Mejor Película –así, a secas, sin la apostilla ‘de Animación’- es ahora
Arrugas la que viene a sembrar precedente en la cinematografía española al convertirse en el
primer filme animado que opta a llevarse el premio por su guión.
Para Ferreras, “esta candidatura significa mucho en el sentido de que es bueno competir con películas de acción real, es unan forma de decir que
Arrugas, aunque es animación, tiene una buena historia como el resto de buenas películas”.
En opinión de Ferreras, a pesar de la casi total hegemonía del mercado y las formas narrativas
norteamericanas –hecho que, por otra parte, se repite en la industria cinematográfica en general, no sólo en animación-, cada vez se va abriendo un hueco mayor a otras opciones.
De hecho, aunque
Arrugas se quedó a medio camino de la gran gala de Los Ángeles, la representación del cine español y de la diferencia continúa con
Chico&Rita, la propuesta de animación, también dirigida a un público no infantil, de
Fernando Trueba y
Javier Mariscal. Junto a la francesa
Une vie de chat,
Chico y Rita hace frente en los Oscar a las superproducciones de los gigantes Disney y Pixar (
Kung-Fu Panda 2,
Rango y
El gato con botas).
“Para competir con ‘los grandes’ hay que buscar algo distinto”, opina Ferreras, quien aboga por la espontaneidad. “Aunque obviamente existen las cuestiones comerciales y de distribución, en las que Estados Unidos tiene mucha fuerza, creo que no hay que pensar en eso cuando se hace una película; la clave es intentar hacer algo que llegue a la gente y luego la propia cinta encuentra su mercado”, señala.
La representación de la obra de Trueba y Mariscal en los Oscar y la amplia acogida de
Arrugas en festivales internacionales demuestra la buena forma en la que se encuentra la animación española. Sin embargo, la experiencia de Ferreras, apunta a que en nuestro país hay buenos profesionales pero hace falta industria o, al menos, una industria continua, que pueda aportar puestos de trabajo más estables.
“Te encuentras buenísimos animadores españoles, pero casi siempre fuera de España” , admite, aunque dice sentirse optimista en cuanto al futuro. “Espero que ahora, que la técnica abarata un poco la realización de películas animadas, sea posible ajustar más los presupuestos a lo que puede asumir la industria española”, explica.
De momento,
Arrugas pasará la gran prueba del público en las salas este fin de semana, e Ignacio Ferreras volverá a ponerse nervioso el próximo 19 de febrero, en la XXVI edición de los Premios Goya. Al menos, durante los 10 segundos previos.