Opinión

Miranda de Ebro: “Der Geist” de una ciudad con su equipo de fútbol

Juan José Laborda | Domingo 29 de enero de 2012
En 1904 Max Weber publicó “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” (der Geist des Kapitalismus), el más famoso título de la sociología científica. El “espíritu” que Weber describía como propio de los protestantes consistía, según sus palabras, en un “ascetismo laico”, una predisposición a superar las dificultades trabajando, ahorrando y siendo solidarios con la comunidad donde se convivía. Los cristianos reformados, especialmente los de principios calvinistas, tenían esas aptitudes, que fueron decisivas para el desarrollo del capitalismo, especialmente en Inglaterra, Escocia, y sobre todo, en los Estados Unidos.

Creo que conozco bien Miranda de Ebro, pues durante más de 30 años he estado atento a sus avatares como representante electo que fui de la provincia de Burgos. Siempre pensé que en Miranda existía un “der Geist” como pueblo con iniciativas. Los detalles significativos de la hazaña del Club Deportivo Mirandés lo vienen a demostrar. Max Weber estuvo en España en 1887, y en unas cartas dirigidas a su madre (que José Miguel de Azaola tradujo y publicó en 1977) escribe que en Vizcaya, y en el Norte de España, las actitudes civiles con el trabajo tenían un ascetismo parecido al protestante.

Los rasgos virtuosos que hemos visto en el CD Mirandés se pueden interpretar en clave weberiana: lo definitorio de sus grupos es y fue el gusto por el trabajo bien hecho. Todos hemos visto jugar al Mirandés, y su vocación casi ética (el “Beruf” que dijera Weber) para dejar bien alto su pabellón. Su tenacidad en la lucha viene de lejos. En estos últimos tiempos han vencido a equipos de Primera División, con mucho más presupuesto, y con jugadores dedicados exclusivamente al deporte. El caso de Pablo Infante, el principal héroe de un equipo de héroes, es un ejemplo práctico de lo que quiero decir. Este burgalés, de 31 años de edad, entra todos los días a trabajar a las 8 de la mañana, en una sucursal de una Caja de Ahorros del pequeño pueblo medieval de Quincoces de Yuso. Cuando el Mirandés ganó al Español en Barcelona, Pablo Infante se volvió en auto la noche del triunfo para abrir la oficina bancaria al día siguiente, pues nadie más podría hacerlo, en un lugar que no llega a 250 habitantes.

La sociedad ha visto en ese equipo la distancia que va del precio al valor. Juegan al fútbol deportivamente, es decir, con las virtudes del deporte, divirtiendo a la gente, y haciendo que el triunfo sea consecuencia de su maestría, y no únicamente del mucho dinero que disponen la mayoría de los clubes y “profesionales” futbolísticos.

En medio de una crisis económica, cuando las familias observan con irritación o con desánimo los varios escándalos con el dinero, el valor del Mirandés se cifra en la moderación de sus presupuestos y de sus sueldos, en ese ascetismo económico que el pueblo sabe que será la solución de la crisis. Pero ese rechazo a esas inmorales cantidades de dinero que ganan algunos “profesionales”, se corresponde también con exigir que se pague decentemente por el trabajo bien hecho, en este caso, por competir como el Mirandés. Es evidente que eso reza para diferentes profesiones: banqueros, managers, gobernantes, etcétera.

El respeto a la ley fue típico de esa ética de la vengo hablando. A diferencia de tantos ataques a los árbitros que se realizan para cerrar filas con la hinchada violenta, Carlos Pouso, el entrenador del Mirandés, ha aceptado los recientes errores arbitrales con deportividad, dentro de la mejor tradición del futbol inglés (y vizcaíno), en la que Pouso se ubica. Lo que no significa derrotismo o mansedumbre. Cuando se compite por ideales, y no sólo por recompensas, la sorpresa surge como surgió en el partido del Mirandés contra el Español. Cuando faltaban pocos minutos para el final, sus seguidores corearon con fe convencida: ¡sí se puede!, ¡sí se puede!, y se logró la victoria.

Consultando la página web del Mirandés se descubre otro rasgo del mismo tipo. El equipo está integrado por jugadores que han nacido en diversas provincias españolas: Asturias, Canarias, Alicante, Rioja, Álava, Sevilla, Vizcaya, Barcelona y Guipúzcoa. Sólo uno ha nacido en Miranda, y otro más en el resto de la provincia de Burgos, el ya citado Pablo Infante.

Ese cosmopolitismo caracteriza a Miranda de Ebro. Como ciudad de encrucijada, su personalidad se forjó con personas que llegaron de muchas partes, integrándose en una sociedad de trabajadores industriales. El ferrocarril marcó su destino contemporáneo. En eso se parece a otras urbes industriales del Norte peninsular. Su cultura política básica procede del liberalismo radical y del socialismo democrático, desde comienzos del siglo XX. Su gran afición a la música, la hermana con otras ciudades europeas similares. Desde el siglo XIX, “la clase trabajadora” fomentó el conocimiento musical. Tal vez fuese consecuencia de su aprecio por la disciplina. En cualquier caso, precede de las mismas virtudes que representa el Mirandés: un pueblo con ilusión, y bien gobernado, sale adelante de las peores pruebas.

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