América

Raúl Castro aferra a Cuba a sobrevivir bajo el sistema de partido único

Las reformas no llegan a la política

Lunes 30 de enero de 2012
El presidente cubano, Raúl Castro, quien se prepara para recibir a la jefa de Estado de Brasil, Dilma Rousseff, no manifiesta intenciones de llevar su plan de reformas en al terreno político, tal como quedó evidenciado en la I Conferencia Nacional del PCC, en donde gobernante defendió el modelo de partido único, al que considera un "arma estratégica" contra la amenaza capitalista, anulando cualquier posibilidad de participación a las plataforma independientes.

El presidente de Cuba, Raúl Castro, clausuró una inédita Conferencia Nacional comunista con una cerrada defensa del modelo de partido único, al que la isla no renunciará por ser un "arma estratégica" para su unidad y soberanía frente a las agresiones del "imperio".

A quienes pensaron que este cónclave iba a suponer "el inicio del desmontaje del sistema político y social" de la revolución cubana, el general Castro, de 80 años, les respondió que la isla no renunciará al partido único porque eso supondría "legalizar en suelo patrio al partido o los partidos del imperialismo".

También a los que exigen restaurar el modelo "que existió bajo el modelo colonial de Estados Unidos" les instó a tener en cuenta la "historia de permanente agresión, bloqueo económico e injerencia" que enfrenta Cuba, a la que definió como una "plaza sitiada".

En su rechazo al multipartidismo, el mandatario cubano cuestionó la vigencia y utilidad de las democracias representativas donde, dijo, el poder político se concentra en la èlite económica y financiera y donde las mayorías no cuentan o son reprimidas "brutalmente" cuando se manifiestan.

Con el discurso de Raúl Castro, de unos 45 minutos, y entre los sones de "La Internacional", cerró este domingo la primera Conferencia Nacional que ha celebrado el Partido Comunista cubano para revisar sus métodos de trabajo y política de cuadros.

Uno de los asuntos más destacados en la agenda de este cónclave era la aprobación del límite a un máximo de dos periodos de cinco años consecutivos en los mandatos de cargos políticos y estatales, que el presidente cubano ya anunció el pasado abril en el VI Congreso del partido.

Raúl Castro ratificó ese compromiso aunque no ofreció plazos concretos sobre cuándo entrará en vigor la medida: solo señaló que se aplicará sin esperar a la reforma constitucional correspondiente y que su implementación será paulatina.

Un asunto que ocupó buena parte de su discurso fue el problema de la corrupción, "uno de los principales enemigos de la revolución, mucho más perjudicial que el multimillonario programa subversivo e injerencista del Gobierno de Estados Unidos dentro y fuera del país".

Se mostró convencido de que Cuba pueda dar batalla a la corrupción para primero frenarla y luego "liquidarla sin contemplaciones" dentro de una lucha "implacable" contra ese flagelo.

Advirtió que los militantes comunistas de "doble moral" implicados en casos de corrupción, además de recibir el peso de la ley, serán expulsados del partido, una sanción que hasta ahora se reservaba a casos de traición a la patria o delitos graves.

No se olvidó Raúl Castro de acusar a Estados Unidos y países "comprometidos con la subversión" por las "brutales campañas" que despliegan contra la isla, en una alusión al caso de Wilman Villar, el preso miembro de la ilegal Unión Patriótica de Cuba que falleció en una huelga de hambre en la cárcel.

Salvo el discurso de Raúl Castro, transmitido en la televisión cubana en diferido, poco o nada ha trascendido hasta el momento sobre los acuerdos concretos de la Conferencia del PCC, tras una reunión de dos días celebrada en un Palacio de las Convenciones de La Habana vedado a la prensa extranjera.

Según informa la agencia cubana Prensa Latina, se aprobó una resolución "que recoge el papel del partido en el cumplimiento" del plan de reformas económicas del país, se acordó dar prioridad a la lucha contra la corrupción y al parecer no se aprobaron nuevas incorporaciones al Comité Central, máximo órgano del partido entre congresos.

La expectación que provocó este cónclave por la posibilidad de cambios en su Comité Central -que a su vez elige al poderoso buró político, donde se mantiene buena parte de la vieja guardia del régimen- quedó rebajada hace unas semanas por el propio Raúl Castro al pedir no hacerse ilusiones con una reunión sobre "cuestiones internas" del partido.

Hoy abundó en esa línea al apuntar que las decisiones de la conferencia y los acuerdos del VI Congreso no son "una solución mágica" a los problemas, tras insistir en que lo único que puede derrotar a la Revolución es la "incapacidad" para reconocer y rectificar los errores.

"La generación que hizo la revolución ha tenido el privilegio histórico de poder conducir la rectificación de los errores cometidos por ella misma (...) No pensamos, a pesar de que ya no somos tan jóvenes, desaprovechar esta última oportunidad", añadió.

Cuba se prepara para recibir a Dilma

Entre tanto, el régimen de Castro se ultima los detalles para recibir a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que llegará este lunes a Cuba en su primera visita oficial a la isla para repasar la relación bilateral, principalmente la económica y comercial, y con los derechos humanos como telón de fondo.

Tras aterrizar mañana en La Habana, la agenda oficial de Rousseff comenzará el martes con el habitual homenaje al héroe nacional José Martí antes del reunirse con Castro, en el Palacio de la Revolución, según el programa divulgado en la isla.

Sobre la visita de Rousseff, el canciller brasileño, Antonio Patriota, declaró que "con Cuba hay una relación cercana en el plano político, y en el plano económico cada vez más", según dijo en una entrevista publicada este domingo en el periódico chileno El Mercurio.

A propósito de los cuestionamientos sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, Patriota considera que todos los países tienen retos en materia de derechos humanos y de democracia y cree que lo importante es que en la región latinoamericana "haya un reconocimiento de la especificidad cubana".

La mandataria brasileña visita la isla pocos días después de haber concedido un visado de turista a la bloguera crítica Yoani Sánchez para viajar al país suramericano.

Sánchez envió a Rousseff una carta en la que le pidió que intercediera por ella ante el Gobierno cubano para conseguir el permiso de salida de la isla para acudir al estreno del documental titulado "Conexión Cuba-Honduras", que trata sobre la represión de la libertad de expresión en la isla caribeña.

El momento de la visita también está marcado por las críticas que en los últimos días ha recibido Cuba, principalmente de España y Estados Unidos, por la muerte del preso Wilman Villar, miembro de la ilegal Unión Patriótica de Cuba, en una huelga de hambre, según la disidencia interna.

Pero, según funcionarios del Gobierno brasileño, la agenda de Rousseff en Cuba estará marcada por cuestiones de cooperación económica, en infraestructuras y en las áreas de educación y salud. También la presidenta está interesada en conocer de cerca la política de actualización del modelo económico socialista de la isla.

Rousseff también tratará con las máximas autoridades cubanas sobre la marcha de las obras de ampliación del puerto de Mariel (oeste de La Habana), consideradas las más importantes que se ejecutan actualmente en Cuba con financiación del coloso suramericano.

En ese proyecto están asociadas empresas brasileñas y cubanas con una inversión total que rondará los 800 millones de dólares, y de acuerdo al cronograma su entrega está prevista para el año 2013.

Las relaciones económicas con Brasil se han intensificado en los últimos años, para convertirse en uno de los principales socios en el terreno del comercio y la inversión, de acuerdo con fuentes oficiales.

En el quinquenio 2006-2010, el intercambio comercial entre Brasilia y La Habana registró un crecimiento de 30 por ciento, al pasar de 376 millones de dólares a 488 millones, según datos oficiales. Entre enero y noviembre de 2011 el flujo comercial bilateral siguió con un ritmo ascendente y llegó a 570 millones de dólares.

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