crónica económica
Lunes 30 de enero de 2012
Mariano Rajoy ha acudido a su primer Consejo Europeo, al que su presidente, Herman van Rompuy, le ha dado la bienvenida en inglés y español. Rajoy se ha movido con soltura, aunque no contaba con que TVE estaba cerca. Puede haber conseguido ya su primera victoria europea.
Los medios de comunicación destacan que, según las palabras del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, la CE se podría relajar los plazos impuestos a España para cumplir con sus objetivos de déficit. Recordemos, al respecto, varios puntos, aunque sea muy rápidamente: Rajoy, sobre el papel, debería rebajar el déficit del 6,0 por ciento al 4,4 con un crecimiento del 2,3 por ciento. La verdad es que lo tendrá que hacer desde el 8,1 por ciento y un decrecimiento de entre 15 y 17 décimas. Los mensajes del Gobierno sobre si sigue comprometido o no con ese déficit del 4,4 por ciento son contradictorios. Y, de hecho, el FMI no espera que España alcance su objetivo de déficit para el año pasado ni siquiera en 2013.
Mariano Rajoy quiere que Bruselas le ponga un examen que pueda aprobar. Lo necesita, precisamente, para obligarse a lograr un objetivo posible, y decir con eso que el suyo es un gobierno que cumple con sus compromisos internacionales. Políticamente, cumplirá el mismo papel que la gesta de José María Aznar de meter a España en el club fundador del euro, contra todo pronóstico.
No se lo planteó a Angela Merkel, que sigue aferrada al plan original. No lo hizo por dos motivos. El primero es que se iba a llevar un “no” por respuesta, y a nadie le gusta eso. El segundo es que tenía otra estrategia: que el sí partiese de la Comisión Europea. Durao Barroso ha dejado claro que es una posibilidad que se está considerando. Lo dice con ese lenguaje formalista de los políticos: “Sería conveniente ahora tener una discusión, que se va a seguir en el marco del Eurogrupo y del Ecofin sobre la situación en España. Yo aquí no puedo ahora ir más en detalle sobre eso. Va a haber una discusión sobre las condiciones”.
Fuentes procedentes de Bruselas habían apuntado a este cronista que lo más probable es que de este Consejo Europeo saliese ese resultado. Pero no para España. Es decir, no sólo para España, sino también para otros países que están en una situación parecida. No es tanto el caso de Italia, que tiene un déficit relativamente bajo (con un alto nivel de deuda), como de Irlanda, Francia u otros. Es decir, la manga será más ancha para todos. Ya no se queda en unos tirantes, sino que cubre ya el hombro.
Precisamente el Financial Times, el medio de comunicación más crítico (aunque no por ello con mejor criterio) de la economía española, señalaba la posibilidad de que España llevase el camino de Grecia. No por tomarse a risa la austeridad, sino por todo lo contrario. Wolfgang Münchau, columnista del FT, dice que “España es una economía mucho más saludable que la griega, desde luego, pero también tiene un problema que no había en Grecia: el profundo endeudamiento del sector privado. Esta es la razón por la que una política que busque una excesiva reducción del déficit podría resultar tan tóxica”. Münchau tendrá más oportunidades en el FT, por lo que no es descartable que se rencuentre con el acierto.
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