Opinión

PSOE: Los hermanos se lanzan los trastos

Enrique Arnaldo | Lunes 30 de enero de 2012
Cuando un partido político pierde unas elecciones le entra ardor de estómago que combate con una ingestión masiva de antiácidos al uso y con el cambiode dos caras y media y tres despachos. Pero si un partido político es derrotado por goleada no en unos comicios sino en los sucesivos convocados, se produce una convulsión que ni Hobbes sería capaz de describir (lo digo por lo del “hombre es un lobo para el hombre” que escribiera el filósofo).

Los teóricamente amigos y compañeros de partido empiezan a retarse a sable o a pistola. Por las sedes son perceptibles dagas, flechas y cuchillos punzantes que se clavan en los ya enemigos. Los militantes más combativos visten a lo Rambo y utilizan bazokas de largo alcance. ¡Que nadie se cruce en su camino! Sorprende que después de tantas balas y puñaladas puedan volver a ser amigos para siempre, como en la canción, pero los intereses les siguen uniendo.

Tiene razón Felipe González cuando recomienda para el próximo Congreso del PSOE que se introduzca una enmienda en los Estatutos para que sólo un día a la semana se pueda hablar de los problemas internos y el resto a hacerlo de los problemas de la gente. Pero los primeros son apasionantes y los segundos, un rollo patatero.

Rubalcaba se ha visto obligado a tirar de la memoria histórica y resucitar al gurú del socialismo español. Felipe González no quiere jugársela con otra reedición de Zapatero, aunque con zapatos de tacón, y ha salido de su Colombey-les-deux-Églises para pedir a sus compañeros que no se equivoquen, que si lo hacen puede ser no para ocho sino para veinte años.

¡Qué mala es la política! o mejor, qué mala la hacen algunos. No es que Rubalcaba sea un santo –además no se las da de tal-, pero los cambios de bando que han pasado delante de sus narices son para sacar en los primeros capítulos de la “Antología de la cuchillada trapera” de Lucas de Andrade y Magallanes. Es mejor evitar nombres, por eso de que nos podríamos dejar alguno en el olvido, pero que quiénes se sentaban con él –y le hacían el rendez-vous- en la mesa del Consejo de Ministros hace pocos meses, ahora le den la espalda, es para dejar de creer definitivamente en el ser humano. En fin, algunos han criticado (lo dejo al juicio moral de cada uno) que algunos cargos institucionales abandonen el estatuto de imparcialidad y salgan en portada ayudando a una candidata de partido, cuando deberían evitar cualquier manifestación política.

Pero lo que más huella nos está dejando es la palabra renovación. Dice López (don Patxi) que “necesitamos repensar y renovar el partido como hizo Felipe González en el Congreso de Suresnes”. Claro, él apoya a Rubalcaba (antes Alfredo). Por su parte Chacón (doña Carmen o doña Carme), ha hecho bandera de la renovación desde el primer minuto. Es, como el otro candidato, una joven promesa, nueva en estas lides, carente de responsabilidades de gobierno y de partido hasta la fecha. Está también por descubrir.

Renovar, es obvio, supone ponerte tú para quitarle a él (o a ella). Renovar es controlar los cargos orgánicos, los grupos en las Cámaras y en los Ayuntamientos, y por supuesto el Comité Electoral.

¿Y Zapatero? ¿Por qué ninguno de los enzarzados candidatos a sucederle le sacan a pasear o le piden que se moje por ellos? ¿Quieren que se lo cuente o lo deje a su libre interpretación? Les invitó a cenar, pero nadie ha dicho si rompieron los platos.

Quedan pocos días para que concluya el aquelarre.