Opinión

Reformas: queda lo más duro

Martes 31 de enero de 2012
La indiscreción -o no- de Rajoy ayer en Bruselas vaticinando una huelga general tras la aprobación de su reforma laboral es algo con lo que ya se contaba en Moncloa. Con ser positivo, el acuerdo alcanzado entre patronal y sindicatos en materia de contención salarial es apenas un fleco de la imprescindible reforma laboral que el Ejecutivo debe acometer. España duplica ampliamente la tasa de paro de la Unión Europea, y la tendencia que se desprende de la última Encuesta de Población Activa -EPA- indica que en 2012 podría llegarse a la fatídica cifra de seis millones de desempleados.

Apelaba también Rajoy a la mala herencia recibida; cuestión ésta asumida incluso en las filas del propio PSOE. De hecho, más de uno en Ferraz empieza a reprochar ahora a Zapatero que no adoptase en su momento algún tipo de medida tendente a paliar todo lo que está aconteciendo. Las recomendaciones de Jean-Claude Trichet sobre un contrato para jóvenes y la reforma de la negociación colectiva fueron expresamente ignoradas por el anterior Ejecutivo. Toca ahora, pues, emprender medidas más quirúrgicas, a la par de imprescindibles.

Con todo, sería deseable que desde el Gobierno empezara a llevarse a cabo una política de comunicación tendente a explicar con toda claridad qué es lo que va a tener que hacerse, sin diferencias de criterio como las habidas entre Montoro, De Guindos y Sáenz de Santamaría. Y sin indiscreciones por parte de su Presidente en una cuestión tan seria.

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