Opinión

¡Qué Cuerno!

Reyes de Gregorio | Jueves 10 de abril de 2008
Es complicado hablar de cuernos en una sociedad tan política y tan correcta como la nuestra pero, qué queréis que os diga, los cuernos de ahora ya no son lo que eran; antes eran símbolo de sabiduría y de poder.

En la antigua Babilonia los reyes se representaban con cuernos como señal de majestad y aun de divinidad. El dios Anu lucía una corona de cuernos cruzados y la diosa acadia Istar, futura Astarté, se paseaba feliz con tres cuernos o rayos resplandecientes brillando sobre su cabeza. En las Sagradas Escrituras se habla del “resplandor” o “brillo”, en hebreo qaran, que lucía Moisés en la cabeza cuando recibió las tablas de la ley. Este brillo fue traducido en la Vulgata por “cuerno”, qeren, dejándonos a Moisés “Quod cornuta esset facies sua” con cuernos sobre su cabeza. Así lo esculpiría después Miguel Ángel. Fue el cristianismo quién relaciono los cuernos con el demonio. En la Edad Media se llegó a decir que los judíos eran como demonios y que por ello tenían cuernos en la frente.

Alejandro Magno es conocido entre los árabes como Du-l-Qarnayn, el poseedor de dos cuernos. En el Corán se le dedican dieciséis versículos en la azora La Caverna, y aparece casi como un ángel todopoderoso enviado por Dios para proteger a los hombres buenos de la amenaza de los bárbaros. En la Biblia también figura como un gran conquistador.

En cuanto a los cuernos de los animales, de todos es conocido el afán del hombre por dar caza al mítico Unicornio. Su cuerno en espiral, símbolo fálico y símbolo del sexo femenino, es capaz de proporcionar nada menos que la felicidad. También el cuerno del pobre Rinoceronte ha sido y es buscado como afrodisíaco.

Zeus regaló a Amaltea el cuerno de la cabra que le dio leche, convirtiéndose en el símbolo de la abundancia por antonomasia. El que consiga el Cuerno de la abundancia tendrá todo lo que desea.

En nuestra sociedad los cuernos son algo muy distinto y buena prueba de ello es que cuando algo no nos importa en absoluto decimos que nos importa un cuerno. Es cierto que el demonio sigue teniendo cuernos pero también un rabito en flecha un tanto ridículo. Vamos, que quién no se consuela es porque no quiere.

TEMAS RELACIONADOS: