Opinión

La frontera sur de España desde un observatorio económico-empresarial

Víctor Morales Lezcano | Jueves 10 de abril de 2008
Salvo en prensa económica, es muy difícil que los periódicos en España instruyan o reflexionen sobre la dimensión económico-financiera de los países norteafricanos. Una deficiencia -a ojos vista- lamentable, puesto que en estos pagos ibéricos se obtiene fácilmente la impresión de que lo único relevante que sucede en Marruecos, Argelia y Túnez pasa por el fenómeno islamista, o por otros eventos políticos de tónica más pasajera al final de todo.

Hecha esta puntualización, recuerdo aquí que así como la actuación económica del aparato de estado magrebí es insuficiente para copar con las demandas de unas sociedades en vías de transformación material, el sector privado -por el contrario- viene comportándose con suficiencia en todo el Magreb. Remitimos -siquiera sea por prurito de referencia documental mínima- al informe del Foro internacional de Davos celebrado a finales de enero de 2008, y a los datos que recoge el monográfico de Jeune Afrique titulado “Les 500 premières entreprises africaines” , tras cuya consulta detenida, se comprobará lo que sigue.

Gigantes empresariales del sector hidrocarburos como la firma argelina Sonatrach y el holding de capitales marroquí ONA, seguidos por otras cuantas empresas de “especial” interés para las nomenclaturas gobernantes en Argel y Rabat, siguen constituyendo el núcleo robusto del tándem argelo-marroquí. Eso sí, sin dejar de tener en cuenta las iniciativas privadas de magnates empresariales como Issad Rebrab, Djilali Mahri y Arazki Idjerouidème en Argelia; o Anas Sefriqui, Miloud Chaâbi y M. Hassan Bensalah, cadete éste último de los magnates magrebíes en el vecino Marruecos. Comunicaciones y transportes, sectores inmobiliarios y gestión de negocios, turismo y mundo agro-alimentario, son algunos de los sectores preferentes hacia los que se viene volcando el liberalismo económico que permea el mercado norteafricano desde hace un par de decenios.

Ahora bien, a lo que parece, la república de Túnez resulta ser -siempre de acuerdo con el Global Competitiveness Report (Davos)- el país de África y del mundo árabe con índices definidos y cuantificables al canto, más competitivo a todas luces. Ocupa el puesto número 30 en los registros que elaboran los mandarines de Davos, la revista Forbes, y los oráculos intocables como el Financial Times. Es decir, Túnez se sitúa por encima de Portugal, Malta, Italia y Grecia; y ocioso es aclarar que Marruecos y Argelia le quedan con mucho a la zaga.

Y ello a pesar del carácter familiar y exclusivista de los magnates de Túnez, casi todos procedentes de Sfax y Kairuán (Abdelwahed ben Ayed a la cabeza del holding Poulina; Taoufik Chaïbi y su emporio Utic; y el mismo Aziz Miled a partir del Tunisian Travel Services).

Ciertamente que estos datos concretos y pinceladas fugaces no valen por sí solos, dado que las sociedades -antiguas o actuales- son algo más que meras magnitudes o categorías, cualquiera que sea la índole de su procedencia. Pero como datos y pinceladas se nos ocurre aportarlos a esta tribuna por la significación intrínseca que poseen a efectos de seguir de manera cercana los componentes de nuestros vecinos meridionales.

TEMAS RELACIONADOS: