Hablar de la nueva colección de la firma Suárez es hablar de los rubíes, piedras protagonistas de la misma y que han sido minuciosamente escogidos y traídos por la familia Suárez desde Burna. Auténticas piezas de colección que lo son aún más cuando codiciados expertos (el maestro joyero y el maestro engastador) los rodean suavemente con orlas de brillantes en forma de lágrima, que a su vez sobredimensionan las piezas. Joyas llenas de vida que imponen el color rojo intenso para la primavera, donde la codiciada “sangre de pichón” impregna las piezas más importantes. Para muestra, tres botones:
Pendentif de oro blanco con rubí central talla pera de 5,25 quilates rodeado por 2 orlas de brillantes silueteando la piedra con un peso total de 1,03 quilates y acompañado por una gargantilla de 71 brillantes con un peso total de 4,08 quilates.
Pendientes de oro blanco con rubí central talla pera de 4,21 quilates y color sangre de pichón rodeado por 3 orlas de brillantes articuladas en forma de lágrima silueteando la piedra con un peso total de 4,36 quilates.
Sortija de oro blanco con rubí central talla oval de 5,02 quilates y color sangre de pichón rodeado de 4 orlas asimétricas de brillantes con un peso total de 2,97 quilates que realzan y dan volumen a la piedra.
Aunque a la vista está que se trata de una de las maravillas del mundo, quizá comprendan un poco mejor su belleza si conocen que su nombre se debe al color rojo, ya que viene del latín rubeus; históricamente era la piedra más deseada; los hindúes creían que poseía el poder de la vida, por su parecido con el color de la sangre, y en la Biblia aparece hasta cuatro veces asociada a la belleza y la sabiduría. De hecho, en sánscrito se le llama “Ratnaraj”, que significa “rey de las piedras preciosas”.
Tras el diamante, es el mineral más duro, puesto que posee un 9 en la escala de Mohs. Puesto que comparte con el zafiro, porque ambos son formas de corindón, pero llevan distintos nombres por el color. En el caso del rubí, el rojo se debe al óxido de aluminio y al cromo. Y aunque son varias las zonas donde se puede encontrar, las de mejor calidad son Birmania- Myanmar, con un rojo más puro, intenso y vibrante; Tailandia, más oscuro y con tendencia a tener inclusiones negras, lo que les hace ser más oscuros; y Sri Lanka, con color más clarito. Debido a su variedad, puede llegar a confundirse con el almandino, la turmalina, sobretodo con la rubelita; y con la espinela. Por eso, hay que tener cuidado de que no nos den gato por liebre.
Comprar un rubí es tarea difícil, porque las minas y zonas con concentraciones de ellos están controladas por el gobierno birmano. Cada cierto tiempo se realizan subastas a las que sólo pueden acceder un pequeño número de personas (tailandeses y birmanos) que pujan por lotes separados en distintas calidades. Tras más de 30 años de viajes a Asia, Suárez tiene contactos con algunas de las personas que compran los lotes de mayor calidad, así, pueden elaborar artesanalmente piezas tan bonitas como las de esta colección. Su precio, ni lo preguntamos…