Jueves 09 de febrero de 2012
La tensión entre Londres y Buenos Aires con las Malvinas como telón de fondo sigue en aumento. Las continuas referencias de Cristina Fernández de Kirchner acerca de la “argentinidad” de las islas han sido contestadas por David Cameron con la negativa británica a negociar la soberanía de “sus” Falklands, salvo que así lo pidieran los isleños. Esto último se antoja sumamente complicado, toda vez que los habitantes de este tipo de territorios suelen ser población “importada” en su momento y, por tanto, conservan unos lazos con la antigua metrópoli nada desdeñables. Por si esto fuera poco, el gobierno británico ha enviado un buque de guerra a la zona, lo que ha generado una profunda indignación en Argentina.
Gran Bretaña actúa conforme a sus intereses y de acuerdo al actual statu quo de las Malvinas, por ahora británicas. Cierto es que la base jurídica de esta territorialidad podría ser debatida y que Londres podría haber dejado que la cuestión se enfriase, en lugar de entrar en el juego del gobierno populista argentino. En todo caso, no parece que entre los retos inmediatos a los que Argentina ha de hacer frente la “recuperación” de las Malvinas deba ocupar un lugar prioritario. La última vez que alguien agitó el tema de una forma parecida fue hace 20 años, cuando la entonces Junta Militar embarcó al país en una guerra contra Inglaterra que se saldó con una derrota sin paliativos, cuyo coste en vidas humanas y prestigio aún resuena. Sería mejor que los gobiernos de ambos países actualizasen sus respectivas agendas políticas con temas que realmente afecten al día a día de sus ciudadanos, en lugar de enzarzarse en polémicas estériles.
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