Opinión

Monti y el destino del euro

Andrea Donofrio | Domingo 12 de febrero de 2012
Mientras en este mismo diario se está desarrollando un interesantísimo debate entorno al euro, la prestigiosa revista norteamericana, Time, dedicaba su portada al presidente del Gobierno italiano, Mario Monti, preguntándose si “¿Puede este hombre salvar Europa?”. Bajo un elocuente titulo “El hombre más importante de Europa”, el Time ponía en sus manos la difícil responsabilidad de evitar que la zona euro se hunda y la necesidad de seguir “reorientando” la economía de Italia.

No se trata de una simple portada, sino de un tema de gran importancia y que invita a varias reflexiones, algunas de carácter interno, otras internacionales. En primer lugar, es evidente que tanto interés norteamericano hacia Italia (y el euro) depende no sólo de la importancia económica –e histórica- del país, sino también de la interrelación entre las economías mundiales, de la interdependencia financiera del mundo entero. Los problemas de Italia interesan “tanto a Wall Street como a los obreros chinos”. E Italia se convierte en el “ago della bilancia”, el encargado a su pesar de decidir el futuro del euro, ya que un empeoramiento de la crisis italiana podría amenazar la misma supervivencia de la moneda única. La situación italiana respecto al euro sigue siendo paradójica: demasiado grande para declararse en quiebra, pero, a la vez, excesivamente grande para poder ser rescatada. Si Italia se declarará insolvente y en quiebra (posibilidad cada vez más distante), parece real el peligro de una reacción a cadena en las economías mundiales, desmantelando la unión monetaria y poniendo a dura prueba la integración europea. El interés norteamericano y mundial sobre un posible impago italiano y/o el hundimiento del euro deriva del temor a la onda expansiva que provocaría, afectando a los mercados financieros de todo el mundo. Las economías mundiales y su recuperación pasa por Italia y por tantos otros países, mostrando que interés-temor son directamente proporcionales al peso de la economía nacional.

En segundo lugar, la revista norteamericana decidió coronar a Monti a pesar de la popularidad del dúo Merkozy (Merkel- Sarkozy), quitándoles el protagonismo que tantas veces parecen buscar y otorgándolo a un hombre discreto, ajeno a la política y acostumbrado a hablar directamente, con poca retórica.

En tercer lugar la portada del Time, con ocasión de la visita oficial de Monti a Washington y Nueva York, atestigua el cambio de imagen de Italia. Merece la pena recordar que hace apenas 81 días, la misma revista dedicaba su portada a Silvio Berlusconi, cuestionando su capacidad de gobernar y poniendo el acento en sus escándalos. Ahora, Monti parece que está devolviendo credibilidad al país y restableciendo –a base de durísimas medidas- la confianza de los mercados. Mientras anteriormente nos miraban con desconfianza y difidencia, divertidos por los escándalos de papi, hoy en día parecen más respetuosos e interesados por el cambio del país. A pesar de todo, debemos reconocer que su papel no resulta nada fácil ya que, aunque el cavaliere anda desaparecido de la primera línea política, los últimos acontecimientos nacionales (el naufragio del Costa Concordia, el caos de Roma bajo la nieve…) perjudican la imagen nacional.

No obstante, el excesivo optimismo entorno a la figura de Monti puede parecer prematuro e incluso peligroso. A Italia le queda mucho camino y el triunfalismo resulta dañino. Es cierto que se han registrado cambios, pero no se debe olvidar el precio de los mismos. Monti sabe las dificultades intrínsecas de gobernar el país. Por eso, la frase más “fuerte” del mandatario a la revista la ha pronunciado cuando ha confesado su deseo de “cambiar la vida de los italianos”. No parece tarea fácil, aunque es cierto que, para que una reforma arraigue y no sea efímera, debe ser absorbida gradualmente por la gente. Como todos los pueblos los italianos tienes muchas virtudes y muchos vicios, debilidades que deberían corregir –incluso para alejar Italia de los estereotipos y las simplificaciones a los que la opinión pública y los medios internacionales frecuentemente recurren. Italia debe cambiar, partiendo de una buena base y buscando como solucionar sus preocupantes anomalías (las organizaciones criminales, la corrupción, el despilfarro, la evasión fiscal, la incapacidad de sus políticos…). Hace bien Monti al profesar seriedad y sacrificio pero es necesario que, desde arriba y desde abajo, se proceda a este cambio, renovando la sociedad italiana y purificándola de sus males. De una Italia nueva y fuerte, la UE y el euro podrán salir beneficiados.

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