Jueves 16 de febrero de 2012
A dos meses de celebrarse la VI Cumbre de las Américas en Cartagena de Indias (Colombia) el eje de la diplomacia no alineada, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), y EEUU, junto a la Organización de Estados Americanos (OEA), han comenzado a calentar motores para demostrar quién manda a quién y, como ya es usual en los cónclaves regionales, la excusa siempre es la misma: Cuba.
Una vez más, el debate sobre la Isla y su inducción o aislamiento del sistema interamericano, vuelven a minar la armonía diplomática al otro lado del Atlántico. Los países del bloque de la ALBA, Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Antigua y Barbuda, Dominica, San Vicente y las Granadinas, condicionan su participación en la esperada Cumbre, siempre y cuando, el régimen de los Castro se incluya en la lista de “invitados”. Por lo que no se descarta un eventual boicot “solidario” de los amigos del régimen.
Por su parte, como era de esperar, Estados Unidos, sostiene que Cuba no reúne los “requisitos” para asistir al encuentro regional. Una situación incomoda para el anfitrión, Colombia, cuyo Presidente ha manifestado que no tiene inconveniente que en Raúl Castro vaya a Cartagena en calidad de “país invitado”.
Una vez más, la añeja rencilla de la América “bipolar” vuelve a estar en el tapete y amenaza con aguarle a Santos una cumbre que puede ser realmente productiva para la región y sobre todo para Obama que necesita tener su ronda de contacto con sus vecinos, aunque es más que sabido cuáles le interesan realmente.
A cincuenta años del embargo y a escasas semanas de la Cumbre de las Américas, Estados Unidos debería modernizar su política regional en cuanto a Cuba, aún cuando la Isla tiene importantes deberes pendientes para estar a la altura de una región cuyos estados miembros,- o la mayoría de ellos-, promueven los valores democráticos.
Quizá llegó el momento de que Washington aproveche estas contadas ocasiones que comparte directamente con los habitantes de su vecindario para reconducir la agenda cubana en otra dirección. Quizá apoyándose entre “amigos” y no provocando el aislamiento, EEUU puede crear un lobby más favorecedor para instar los cambios que la Isla necesita para ingresar de nuevo en el pleno de la comunidad interamericana.
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