Opinión

La tragedia de las cárceles latinoamericanas

Viernes 17 de febrero de 2012
Este miércoles una nueva tragedia se apodera de las cárceles latinoamericanas. Un incendio provocó la muerte de más de 350 personas en un penal de Honduras, uno de los países más violentos y con mayor tasa de homicidios en una región, donde es sabido que los centros penitenciarios son el equivalente a sucursales del Infierno y a escuelas del crimen para sus reclusos, porque prima la ley de “te mimetizas o mueres”.

Todo apunta a que el hipotético cortocircuito augurado por las autoridades, es resultado de un presunto motín que desencadenó el lamentable siniestro, en donde uno de los reclusos quemó un colchón que terminó por convertir a la Granja Penal de Comayagua en una verdadera hoguera, que nos recuerda un hecho similar en 2010 en la prisión chilena de San Miguel en donde murieron 81 reos. Todo ello sumado al amplio archivo de crónicas de 2011 sobre enfrentamientos y huelgas en cárceles, salvadoreñas, guatemaltecas, mexicanas y venezolanas.

Lo ocurrido en Honduras es otro duro recordatorio de la crisis carcelaria que se observa en América Latina, como producto de un sistema judicial peligrosamente burocrático e ineficaz que ha hecho que los centros penales sobrepasen su capacidad de aforo. Unas cárceles que no ofrecen ni las mínimas condiciones para el resguardo y rehabilitación de los presos, que luchan por un colchón para dormir,- si están de suerte-, y que sólo disponen de los alimentos que la familia le lleva para comer, siempre y cuando no tenga que cambiarlos por una dosis extra de seguridad.

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