Marcos Marín Amezcua | Sábado 18 de febrero de 2012
Se han definido los cuatro candidatos a la presidencia de México. Tres conocidos: Andrés Manuel López Obrador por el PRD (Partido de la Revolución Democrática [izquierda]); Josefina Vázquez Mota por el partido gobernante, el PAN (Partido Acción Nacional [derecha]), Enrique Peña Nieto por el PRI (Partido Revolucionario Institucional [variopinto]) y que fue derrotado en dos ocasiones consecutivas (2000 y 2006) tras permanecer 71 años en el gobierno; y Gabriel Quadri, de bajísimo perfil, por Nueva Alianza, un partido advenedizo que representa a nada y a nadie pero, sobre todo, de nulos resultados y creado por Elba Esther Gordillo, la controvertida lideresa magisterial acusada de corrupción. Ese es el panorama electoral de cara al 1 de julio de 2012.
Los mexicanos nos jugamos mucho en esta elección cuya campaña será de abril a junio, pues estamos entre dos tesituras bien definidas: 1) queremos una mejoría urgente que sea una óptima política de estado (en seguridad y economía) o 2) en cambio, nos regresamos a un pasado de corrupción y retroceso que presenta el PRI. Se prevé una campaña reñida, ruda, sucia y asaz virulenta, ante el amago de las oposiciones al partido gobernante, el PAN.
Como no me interesa vociferar ni promover el voto nulo (posiciones comodinas que nada aportan), procedo a externar cómo veo las cosas. Así, como nunca, se confrontan los modelos de país. Los candidatos deberían centrar sus propuestas en temas puntuales para una agenda aún no definida. Considero que el narco es el principal tema y alerto a los ciudadanos para que sigamos la propuesta central de cada candidato sobre ese asunto y exijamos que definan antes de la elección, cómo lo afrontarán. De cómo decidan actuar sin caer en meros espacios comunes,en palabrería o en la demagogia que enarbolan, será la clave del futuro inmediato de México. No admitamos que el PRD o el PRI nos digan que darán respuesta cuándo gobiernen. Las queremos antes. Y concretas. No las vaguedades que acostumbran. El PAN al menos, ha filtrado que seguirá el sendero recorrido. Prefiero certezas y no cheques en blanco pedidos al votante por la oposición. Ya nos ha costado mucho más evadir que afrontar. Y me queda claro que el afrontar es una estrategia a mejorar.
Pero no es fácil saber qué esperar. El PRI en 12 años fuera de la presidencia, no aprendió ni a ser oposición ni se depuró –lavando su imagen de corrupción, quizás gobernando mejor, deshaciéndose de la peor ralea que lo soporta– ni consultó a las bases ni efectuó una contienda interna para definir candidato, al que nada más impuso. El autoritarismo de siempre. Y ya se revela que antaño sí hubo nexos con el narco negociando plazas para sobrellevar las cosas. Un escándalo más en Tamaulipas revela que eso sucedía. Todo apunta a que el PRI de Peña Nieto dejó actuar a costa de postergar una confrontación con el narco- El PRI sigue sumando nauseabundas malversaciones y desfalcos a erarios públicos allí donde gobierna, así como el endeudamiento extremo sin las obras que lo justificara. El PRI no ha condenado a ningún correligionario por esas acciones, puesto que eso no se le da, por la trama de complicidades que representa y que parece irredento en la materia. La caída de su dirigente nacional por presunta corrupción ha manchado la de por sí, deslucida imagen de Peña Nieto, que se ha mostrado ignorante, inoperante y soso en su andar. El PRI llega sin propuestas concretas, pero con mucha verborrea. Peña ya ha caído 18 puntos en varias encuestas en los últimos tres meses. A este paso peligra su 36% de preferencia real de cara al 1 de julio. Inició con 72 %, decían.
El PAN lanza a una mujer, algo significativo en un partido conservador y que es vapuleado por los otros que se llaman de vanguardia o revolucionarios, pero que se negaron a impulsar a una, pudiendo hacerlo. Tuvieron su oportunidad. No pudieron o no quisieron. Dicen que da lo mismo. Ya se ve que no, como que no la impulsaron, si de verdad da igual. Es que resultaron ser de lo más conservadores en ese tema, por no decir retros e incongruentes, aunque enarbolan las palabras "revolucionario" o "revolución" en sus nombres. Y no les da lo mismo, porque no se supera la idea de que una mujer puede ser igual o más capaz. Pero no quieren reconocerlo ni en las propias ni en las ajenas.
Mas Vázquez Mota va cuesta arriba portando las siglas gobernantes y además, debería de romper con una parte del panismo que podría cerrarle el paso en caso de hacerlo, para granjearse a una opinión pública deseosa de que haya responsables por errores cometidos. Vázquez Mota debería condenar ineficiencias y castigar ineptitudes y corrupción panistas si busca credibilidad. No hacerlo la acerca al PRI y al PRD, indulgentes y corruptos. Con una estrategia adecuada, puede ganar la presidencia. Y hay a quien no le gusta la señora. Bueno, a quien no le guste, que recuerde que el partido de su preferencia no quiso impulsar a una mujer. Y debo advertir que yo votaré por una mujer. Cuando el mundo se dirige en esa tendencia de elegir jefas de estado, que nos lo expliquen los otros partidos porqué no impulsaron a una mujer en un país con 53% de mujeres, del cual el 40% de sus hogares los sostienen ellas, partiéndose la cara a diario. Por meses he sostenido que le daría mi voto al partido que la impulsara, como se lo di a la izquierdista Patricia Mercado en 2006. Porque es hora de demostrar que no tenemos telarañas mentales disfrazadas de ideologías. Un país como México, que hizo una revolución, no puede titubear. Somos o no somos. Lo demás es lo de menos.
Tenemos una izquierda fracturada y caciquil, incapaz de proponer políticas de largo plazo que no sean administradoras de la pobreza que tanto voto le significan. Disfrazada de piel de cordero –que a veces pasa por chavista– va de populachera sirviéndose de los pobres no para paliar su pobreza, sino para sustentarla y promoverla en su provecho. El factótum escogido es cartucho quemado. Lo saben bien. López Obrador está vendiendo miedo y sus “logros” como alcalde de hace más de seis años, pues los últimos seis careció de cargo público, empecinado en que le robaron la presidencia que perdió (como antes una gobernatura) y se hizo coronar como “presidente legítimo”, cargo equivalente a ‘rey de la primavera’. Nulo, pues, para que nos entendamos.
Para definir candidato, el PAN confrontó propuestas y consultó a sus bases. PRD y PRI, no, pues comparten origen, comparten procedimientos poco democráticos. Sabedores de sus antecedentes de ineptitud y corrupción, estos dos adelantan los nombres de quiénes llegarían para gobernar con sus candidatos. Puros nombres de impresentables de oscuro pasado. La gente lo sabe y toma nota. Espero que la sociedad se movilice –que se involucre en el proceso político y se vuelque a las urnas votando efectivo, pues tiene mucho que expresar en ellas–. A priori nadie tiene nada ganado como antes, acostumbrado el PRI con su talante autoritario y antidemocrático de siempre a vencer sin competencia real. Ya no es el caso. Hoy existe competencia electoral y cualquier candidato podría ganar…o perder.
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