Opinión

Un Irán amenazador

Lunes 20 de febrero de 2012
Parece que las provocaciones de la República Islámica de Irán son el rayo que no cesa. Hace poco más de un mes realizó unas maniobras navales ensayando un futuro bloqueo del estrecho de Ormuz -por donde hoy se transporta el 40 % del petróleo mundial-, haciendo uso de nuevos misiles de alcance medio con tecnología nuclear. Este hecho constituía una prueba más de que los programas iraníes para el enriquecimiento de uranio no tienen propósitos pacíficos sino un fin último bélico. Un secreto a voces que Teherán no puede reconocer explícitamente, pero que la realidad demuestra cada día de un modo más evidente. Ahora, el portavoz del Ministerio del Petróleo iraní ha anunciado que la exportación de crudo para empresas británicas y francesas ha quedado interrumpida. La decisión es una respuesta a las sanciones occidentales a causa de la creciente carrera armamentística desatada por Teherán a partir de su ambicioso programa nuclear.

Pero también -lo que resulta más inquietante- Irán ha enviado buques de guerra al Mediterráneo, atracando en el puerto sirio de Tartús, después de atravesar el canal de Suez. Aunque las autoridades iraníes no han especificado el propósito de esta acción, parece ser que el viaje tiene como misión facilitar entretenimiento y apoyo a las fuerzas marítimas de Siria, así como mostrar su poderío. Se da la circunstancia de que, el pasado año, por estas fechas, el buque de suministro Jarg, que ahora ha atracado, junto con el destructor Mártir Qandi, en el puerto de Tartús, realizó una polémica travesía hasta el puerto sirio de Latakia, lo que Israel consideró una absoluta provocación.

Ahora, las alarmas se ha encendido, pues la situación en la zona es mucho más complicada, con Siria convertida en un polvorín, e Israel perdiendo la paciencia, al sentirse directamente amenazada, por lo que no deja de barajar la posibilidad de atacar las instalaciones nucleares iraníes. A la vez que lleva a cabo todas estas provocaciones, el régimen de los ayatolás ha contestado de manera positiva a la Unión Europea para reanudar las conversaciones sobre su programa atómico. Respuesta que ha sido acogida con cautela por Occidente, dado que todo apunta a que, lejos de disminuirlo, Irán está incrementado su arsenal nuclear.

El último episodio, hasta ahora, de la arrogancia de Teherán -ese envío de buques de guerra al puerto sirio de Tartús- puede ser más que nada un gesto altanero de provocación, militarmente inútil, pero, sin duda, políticamente muy agresivo. En un panorama de esta envergadura, que puede desembocar en una tensión insostenible en Oriente Próximo, quizá la cautela de la comunidad internacional ante el régimen integrista de Irán no resulte suficiente.

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