Todo empezó por unos noodles mal comidos en el metro de Hong-Kong. El 15 de enero, una joven china comía sus fideos cuando comenzó a ser increpada por varios viajeros locales. Los hongkoneses le echaron en cara que comiera en el transporte público (algo prohibido en Hong-Kong), llamaron al guardia de seguridad y protagonizaron una acalorada discusión mitad en cantonés y mitad en chino. Para los hongkoneses, este episodio (grabado con un móvil y subido a Internet) mostraba la falta de modales y educación de los chinos; para éstos, la arrogancia y prepotencia de los hongkoneses.
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La cosa llegó a mayores cuando unos días después, Kong Qingdong, descendiente de Confucio (al parecer de la 73 generación) y profesor en la Universidad de Pekín, participaba en un programa televisivo y llamaba a los hongkoneses “perros” y “gilipollas”. Kong Qingdong, que protagoniza con frecuencia comentarios provocativos en los medios, comenzaba criticando a los hongkoneses por no hablar en chino oficial, decía que tenían un comportamiento colonialista heredado de los británicos y que no podrían sobrevivir sin las verduras, agua y electricidad que les suministra China. El vídeo (y la cara de la presentadora) no tiene desperdicio.
El vídeo fue emitido por VodOne, una de las primeras webs con permiso para realizar programas audiovisuales para Internet. Si estás en China, lo puedes ver aquí.
Estas son algunas de las lindezas que dijo Kong Qingdong:
“Los hablantes de chino no tienen la responsabilidad ni la necesidad de hablar otros dialectos. Todo el mundo tiene la responsabilidad de hablar chino oficial. Aquellos que se niegan a hablar chino, ¿qué tipo de personas son? Son unos gilipollas (???)”.
“Sé que muchos hongkoneses piensan que no son chinos. Y gritan: “¡Nosotros somos Hong-Kong! ¡Vosotros sois China!” ¡Estos son unos gilipollas! Este tipo de personas se han acostumbrado a ser los perros falderos de la colonia británica y hasta el día de hoy siguen siendo perros. Vosotros no sois personas".
“Son los hongkoneses de alta calidad? Creo que la calidad de los hongkoneses es de las peores de toda China”.
“La mayoría de los hongkoneses son unos ladrones y utilizan todos los trucos a su alcance para engañar”.
“Si estas son las circunstancias [de discriminación hacia los chinos], entonces Hong-Kong no debería tener ningún tipo de relación con China. Si la china continental no os provee de agua, verduras, frutas y arroz., ¿podríais sobrevivir, hongkoneses? Id a buscar a vuestro papá inglés!”
“Los hongkoneses sólo viven hoy gracias al turismo chino”.
“Lo digo una vez más. Muchos hongkoneses son unos perros”.
La polémica estaba servida en un terreno abonado durante años de fricciones, malentendidos y diferencias entre las dos partes. Al día siguiente, los medios hongkoneses se hacían eco de las declaraciones de Kong Qingdong y algunos ciudadanos (unos 200 según algunos medios) salían a la calle para manifestarse e insultar a este profesor de la Universidad de Pekín. La polémica entre China y Hong-Kong seguía subiendo de tono.
El siguiente capítulo de la polémica, que una vez más tuvo gran difusión en los medios de comunicación y redes sociales de ambos bandos, vino con la publicación el 1 de febrero de un polémico anuncio en el diario Apple Daily, un tabloide muy popular de Hong-Kong. Según The Wall Street Journal, la financiación se consiguió gracias a una campaña organizada en Facebook y las donaciones de unas 800 personas que juntaron un total de 12.900 dólares en una semana.
El anuncio, que ocupaba una página completa, destacaba la frase “¡Los hongkoneses ya hemos aguantado bastante!”. En el mismo se deja muy clara la superioridad de la antigua colonia británica (más libertades, mejor educación, leche no contaminada...) y se pide a los chinos que cuando vayan de visita respeten las tradiciones y cultura de Hong-Kong. El encabezamiento, además, comienza con uno de los grandes problemas que enfrentan a ambos bandos: “¿Aceptas que cada 18 minutos paguemos un millón de dólares para alimentar y educar a hijos cuyos padres no son residentes en Hong-Kong?”. [más abajo hablamos de este tema]
En la web The Ministry of Tofu han traducido al inglés el contenido completo y reflejado la repercusión y parodias que ha tenido en la china continental.
Las polémicas de las últimas semanas son sólo una muestra de las tensiones latentes y profundas entre los dos bandos. Desde 1997, cuando Hong-Kong se convirtió en una Región Administrativa Especial de China (igual que Macao dos años después), las relaciones con la china continental se han estrechado en todos los sentidos. Bajo el eslogan de "un país, dos sistemas" Hong-Kong mantuvo su independencia política, legal y económica, pero la integración con Pekín ha traído numerosos retos que han aumentado las tensiones en los últimos años.
Con los cambios legales introducidos en 2003, los chinos cada vez lo tienen más fácil para entrar en Hong-Kong, algo que durante décadas había sido una misión imposible. En la actualidad, la cercana ciudad de Shenzhen prácticamente comparte metro con Hong-Kong. Basta con cruzar la "frontera" a través de un pasillo de unos 200 metros. Estas facilidades han provocado una gran explosión del turismo chino: sólo en el 2011 llegaron a la antigua colonia británica unos 28 millones de turistas, cuatro veces más que los habitantes de Hong-Kong, que cuenta con una de las densidades de población más altas del mundo.
A pesar de los beneficios económicos que esto supone para Hong-Kong, con la llegada de tantos turistas chinos han llegado también los problemas. Los hongkoneses se quejan de que los chinos no conocen las costumbres locales, fuman en cualquier sitio, no respetan las colas, cruzan la calle sin mirar los semáforos, comen en el metro, hablan a gritos e incluso hacen sus necesidades en la calle. El argumento es que la “civilizada Hong-Kong” está siendo invadida por los “bárbaros chinos”.
Incluso los chinos ricos, que llegan llenos de yuanes a Hong-Kong, se pueden convertir en un problema: sus intereses en el sector inmobiliario han disparado los precios de la vivienda (Reuters afirma que en 2011 un tercio de las viviendas fueron compradas por chinos continentales) y sus visitas a Hong-Kong provocan que se vacíen las estanterías de pañales y leche para bebés.
Esta presión demográfica también se ha notado en institutos y universidades. En la actualidad, los locales tienen que competir también con los chinos por entrar a las mejores universidades, conseguir una residencia en el campus, solicitar becas o entrar en los programas con otros centros extranjeros. Cada vez más, los hongkoneses se ven obligados a competir con los chinos continentales. Y es precisamente entre los jóvenes de Hong-Kong en quienes más está prendiendo el sentimiento anti-chino.
Además de todo esto, en esta polémica es inevitable ver una raíz cultural e identitaria. Con su incorporación a China y la creciente influencia del gigante asiático en todo el mundo, los hongkoneses se sienten cada vez más pequeños y menos especiales. Ciudades como Shenzhen o Shanghai comienzan a rivalizar con Hong-Kong como metrópolis internacionales, de serviciones bancarios e inversión extranjera (cosas que hasta hace unas décadas se tenían que hacer siempre a través de Hong-Kong). Cada vez más, los productos culturales chinos entran en la antigua colonia británica, donde el aprendizaje del chino ha ganado adeptos en los últimos años. El conflicto en torno al cantonés, sacado a relucir en la escena del metro y en las declaraciones de Kong Qingdong, es una muestra más de que este conflicto tiene mucho de enfrentamiento cultural y reivindicación identitaria.
Por encima de todo, para los hongkoneses el centro de la polémica se encuentra en la defensa de su estado del bienestar. En todas las manifestaciones, comentarios en Internet y medios de comunicación de Hong-Kong se habla de que los chinos acuden a la antigua colonia británica para beneficiarse de sus ayudas sociales y de sus excelentes hospitales y escuelas. Para muchos, los chinos se están intentando aprovechar de este gran sistema del bienestar hongkonés, lo cual lo estaría poniendo en peligro. De ahí viene el apelativo más peyorativo que se suele gritar en las manifestaciones, el de langostas: un animal que sólo puede vivir a base de las ayudas de los demás, sin trabajar ni dar un palo al agua.
El término se lleva utilizando al menos desde hace un año, cuando, en marzo y abril del 2011, una polémica similar a la actual se vivió entre ambos bandos. Fue en esa época cuando se subió a Internet el vídeo "El mundo de las langostas", donde se critica a los chinos de una forma tan clara y meridiana como lo ha hecho recientemente Kong Qingdong:
Si estás en China, lo puedes ver aquí.
En aquel momento, cientos de manifestantes salieron a las calles de Hong-Kong para quejarse por las ayudas (de unos 776 dólares) que reciben algunos de los chinos considerados "nuevos inmigrantes", los que llevan menos de siete años viviendo allí. Sin embargo, como explicaba en un extenso reportaje el Southern Weekend, debido a las medidas legales introducidas en 2003, en la actualidad sólo el 5% de estos "nuevos inmigrantes" tienen derecho a solicitar estas ayudas (sólo los que entran en una serie de casos excepcionales). El resto, incluidos los chinos (sobre todo mujeres) que han formado un matrimonio "mixto", se pasan siete años sin derecho a voto, sin tarjeta de residente permanente ni ayudas a la vivienda u otros beneficios sociales.
Dentro de esta discusión en torno al aprovechamiento del estado de bienestar se encuentran los partos de mujeres chinas en suelo hongkonés. Por ley, los niños chinos nacidos en Hong-Kong tienen derecho a la nacionalidad, lo que ha provocado que en los últimos años se haya vivido una gran explosión de madres que cruzan la frontera para dar a luz. El motivo es claro: se trata de dar a sus hijos mejores oportunidades, disfrutar de su estado del bienestar (ayudas a la vivienda, desempleo...) intentar disfrutar de los hospitales y escuelas hongkonesas y favorecer un crecimiento más internacional y con mejores perspectivas económicas. Hong-Kong tiene siete veces más renta per capita que China; y es la diferencia entre ambas regiones (como decía antes, a una parada de metro de distancia), lo que provoca este flujo de mujeres embarazadas hacia Hong-Kong.
Los nacimientos de niños cuyos padres no cuentan con residencia permanente en Hong-Kong han pasado de 620 en el año 2001 a 32.653 en el 2010.
Gráfico publicado en el portal Netease. [Pincha en el gráfico para ampliar]
Es por eso que los hongkoneses se quejan de que los chinos están saturando los hospitales y consumiendo los recursos del Estado. Según ha publicado la prensa hongkonesa, las salas de parto están ya reservadas hasta el mes de septiembre. Al mismo tiempo, muchos de estos niños vuelven después a las guarderías y escuelas de Hong-Kong. Cada vez son más los que viven en Shenzhen y cruzan todos los días las fronteras para estudiar en los mejores colegios al norte de Hong-Kong.
Lo que no mencionan los medios hongkoneses, sin embargo (aunque sí lo hace el chino Southern Weekend), es que la mayoría de chinas que van a dar a luz en Hong-Kong lo hacen en hospitales privados y pagando entre 10.000 y 15.000 dólares. Parece ser que el fenómeno, por muy extendido que sea, sólo se lo pueden permitir las familias adineradas.
Para evitar esta afluencia masiva de madres embarazadas, las autoridades de Hong-Kong han comenzado a poner límites a los partos de mujeres llegadas desde la china continental y también a controlar su entrada. El año pasado se negó la llegada a Hong-Kong de unas 1.900 mujeres chinas embarazadas. Para el 2012 se quieren poner más límites, que serían de 3.400 madres en los hospitales públicos y 31.000 en los privados, lo que supondría un 20% de descenso respecto al año anterior.
Ministry of Tofu: El anuncio publicado en Hong-Kong y todos sus derivados
Wall Street Journal: Locust Ad Breaks in Apple Daily
China Digital Times: Running dogs and locusts.
Baidu Baike: Biografía, libros y polémicas de Kong Qingdong.
Southern Weekend: Todo Hong-Kong protesta contra los nuevos inmigrantes. ¿No están contentos?
Netease: Los partos en Hong-Kong de padres de la china continental se multiplican por 50.
Oriental Daily. Protestas en Hong-Kong contra Kong Qingdong