Opinión

Los favoritos del Príncipe

Jon Juaristi | Martes 15 de enero de 2008
Íbamos a presenciar un despliegue heroico de la creatividad cultural, tantos años aherrojada por el sectarismo de la derecha, prometía Carmen Calvo.

Y bien, ¿qué hemos visto? ¿Cuántas películas memorables? ¿Cuántos nuevos novelistas, poetas, artistas plásticos que nos hayan llamado la atención? El balance de la legislatura es menos que mediocre. Una película oscarizada, realizada íntegramente en 2003. Otra que, maniquea como el espíritu de la época, se deja ver a gusto. De director mejicano. Comedias regurgitadas de Almodóvar y Santiago Segura, epígonos de sí mismos.

Un fracaso quizá inmerecido de la única tentativa de hacer cine de aventuras históricas, y paro de contar. Quizá el gobierno no pretendiera deslizarse hacia un dirigismo descarado, pero, dados los primeros pasos, perdió todo pudor. Nunca nadie, desde la presidencia del mismo, puso tanto empeño en que se conocieran sus gustos y preferencias (deplorables, por cierto).

Aznar alardeaba de su afición a la poesía. Sin embargo, era verdad. No privilegió a un ramillete de poetas escogidos: le gustaba descubrir por su cuenta obra y gente nueva. Rodríguez Zapatero ha tenido un poeta áulico y un cronista y sahumador a tiempo completo. Cabe concluir que le gusta la literatura tanto como a Stalin. Tampoco se le pedía que anduviera codeándose con la crema de la profesión, como sus antecesores. Ahora bien, podría haber buscado un término medio entre la indigencia y el favoritismo. O sea, el silencio, que no hace daño a nadie.

Yo creo que los autores se han inhibido voluntariamente para que el Instituto Cervantes los siga llevando a Pernambuco. ¿Quién ha sido el escritor más prolífico del período? ¿El Ministro de Cultura? Bingo. Algo no marcha.

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