Economía

Una carta para la recuperación de Europa

Crónica económica

Lunes 20 de febrero de 2012
En 2008 el capitalismo se iba a hundir y nuestros sabios, ponderados, juiciosos gobernantes, iban a salvarnos con sus audaces e imaginativas políticas keynesianas. Es decir, que iban a sacarnos del hoyo al que aún no habíamos llegado con la política de siempre. Lo que ocurrió, pese a que ninguno de ellos, y muy pocos de los analistas y los periodistas sería capaz de predecirlo, fue lo que siempre había ocurrido en la historia: que la política keynesiana fracasó. Nos hundimos como nunca, y el keynesianismo fracasó como siempre.

Ya, cuando se asoma la segunda caída de Europa en la recesión, doce primeros ministros han firmado esta carta, con siete puntos encaminados a recuperar el crecimiento de la economía. La música sonará a quienes leyeron la estrategia de Gran Bretaña para la UE. De hecho, el primer firmante es el primer ministro británico, David Cameron.

El primer punto busca liberalizar el mercado interior, y el cuarto favorecer la creación y adopción de innovaciones tecnológicas, encaminadas a favorecer la productividad de nuestra economía. Esto último incluye “crear un sistema de protección de la propiedad intelectual efectivo y que sea favorable a las empresas”. El sexto punto, también dentro del mercado interno, reconoce que “necesitamos mantener y hacer más ambicioso nuestro programa de reducción del peso de la regulación de la Unión Europea”.

Se fija en concreto en dos sectores. El segundo punto lo dedica a los servicios, que aporta “casi cuatro quintos de nuestra economía y, no obstante, es mucho lo que es necesario hacer para abrir los mercados de servicios hasta la escala necesaria”. Y añade: “debemos eliminar las restricciones que limitan el acceso y la competencia y lograr el mutuo reconocimiento en un mercado único”. Esto último favorece a los Estados con bajos impuestos y pocas regulaciones. Consiste en que una empresa con una licencia en uno de los Estados miembros tendrá que reconocerse en cualquier otro Estado. Las empresas buscarán lograr esas licencias (y por tanto contribuir fiscalmente) allí donde sea más fácil y más barato.

Y el tercer punto hace mención a la energía. Con dos ideas relevantes. La primera, mejorar la interconexión de todo el mercado europeo, algo especialmente interesante para países periféricos como España. Y la segunda, que “es necesario eliminar la planificación y las barreras regulatorias a la inversión en infraestructuras para liberar el potencial del mercado único y sostener un crecimiento verde y una economía con bajas emisiones”. ¿Qué energía con bajas emisiones de CO2 está muy regulada y muy frenada por las regulaciones europeas? Sí, la energía nuclear. De modo que los doce firmantes apuestan por la energía nuclear.

El quinto pasa por liberalizar el comercio internacional. Y pone especial énfasis en el Este Asiático y en China. También menciona África y Rusia. Aunque, más allá de las ventajas innegables del libre comercio, puede que en este último caso pesen especialmente consideraciones políticas.

El séptimo punto exige una liberalización del mercado laboral. Algo que acaba de hacer España, aunque sólo parcialmente. Y el último es francamente revelador. Piden que se acabe con la política de rescate de los bancos, que tiene incentivos perversos.

Pero ¿quiénes han firmado esta carta? Ya hemos mencionado a David Cameron, primer ministro británico. También está Mariano Rajoy, y Mario Monti, por España e Italia, dos países en una situación hasta cierto punto parecida. También los primeros ministros de Holanda, Estonia, Lituania, Finlandia, Irlanda, la República Checa, Eslovaquia, Suecia y Polonia. Es decir, que la firman los gobiernos más reformistas de Europa. Y no la firman ni Alemania ni Francia, que tienen su propia agenda para Europa, y que tiene más que ver con su control del continente que con la recuperación de la economía.

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