www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

RESEÑA

Fernando Aramburu: Ávidas pretensiones

domingo 18 de mayo de 2014, 12:24h
Fernando Aramburu: Ávidas pretensiones. Premio Biblioteca Breve 2014. Seix Barral. Barcelona, 2014. 411 páginas. 20 €. Libro electrónico: 12,99 €
Los clásicos ya padecían esa podredumbre del medro cultural, del arribismo poético tan característica en nuestras letras hispanas. Horacio escupió el latinajo genus irritabile vatum a toda esa irritable raza de los poetas, poniendo la banderilla en un acento nada desdeñable. En efecto, la poetahambre, como dijeran a principios del siglo XX, o con sufijo delatador, la poetada, como prefiere el narrador de esta novela, resulta uno de los grupos sociales más jugoso en matices para novelar gracias, entre otros, a esa citada susceptibilidad, fragilidad, vanidad y otras índoles paralelas que aglutina la bilis poética. Ávidas pretensiones satiriza la reunión de 29 poetas en unas jornadas líricas convocadas en un convento de monjas del pueblo de Morilla del Pinar. En esta suerte de recreación caricaturesca del Parnaso cervantino los personajes desgranan entre risas y pullas, drogas y alcohol, envidia y lujuria la amplia gama de afectos y desafectos que cimbrea al ser humano. Conoceremos así las filias y fobias, los celos profundos y odios intensos, las dudas constantes, la frustración perenne pero también los amoríos y deseos de un grupo representativo de poetas patrios. El poso final es una angustiada y gamberra reflexión sobre la condición humana.

La fecunda trayectoria de Aramburu presenta de soslayo el humor como una vena desmitificadora, aguja que desinfla ciertas solemnidades en muchas de sus novelas, aunque en Fuegos con limón (1996) y El trompetista del Utopía(2003) ocupe papel preeminente, al igual que en buenas páginas del Viaje con Clara por Alemania (2010). En la novela presente el escritor donostiarra propone con desparpajo un asunto como el poético poco tratado en nuestra literatura y en una clave de poco uso, aunque noble raigambre como es la sátira. El riquísimo estilo se empapa del tono humorístico del narrador, desmelenado con una sintaxis danzarina llena de cabriolas, dualidades construidas con la barra diagonal, fusión de palabras, etc. El narrador se toma en solfa constante a los personajes, se ríe incluso de la propia narración, llena de moralejas. Todo aporta significado y recubre con detalles de buena ley el texto. Incluso el narrador sugiere de partida una morbosa lectura de confrontación con la realidad española. El desconcierto del gag, el escalofrío de la parodia y más allá la sorpresa torcida en los dramas personales o la amarga sonrisa final combaten cualquier lectura complaciente por parte del lector.

Aquí en la realidad y acullá en la red los diletantes, y no solo ellos, ay, tienden a confundir literatura con carrera literaria, inveterada costumbre en nuestros pagos donde las capillas poéticas son fuente de toda clase de inquinas. A todo ello le saca pelo, del grueso y del fino, el escritor vasco. Novela pues de recomendable lectura para abismarse a muchas de las cigarras que merodean la literatura, pero, sobre todo, al lector gustoso de manjares que saboreará con verdadero placer esta excelente novela. No sólo el paralelismo deliberado con el Lazarillo o los delirios alucinógenos de un personaje al modo de aquellos Sueños de Quevedo (inolvidable la escena con Juan Ramón Jiménez), mucho más allá de estas concomitancias o gracias a ellas cuenta el gran diálogo con la jugosa tradición satírica de las letras españolas. Fernando Aramburu, uno de nuestros mejores escritores, demuestra con esta excelente novela que el humor cuando es de ley no se expresa en tono menor y jamás es superficial, sino que representa un modo sofisticado de hilvanar la penetrante crítica de la que estamos tan necesitados.

Por Francisco Estévez
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(0)

+

0 comentarios