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LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

Mariano y Arturo en el chiringuito

viernes 25 de julio de 2014, 20:16h
El punto y aparte, como Montesquieu, ha muerto. Con semejante banda de mediocres al frente de la tribu, la única República catalana independiente hoy por hoy viable es la de IKEA, mientras la España de las obscenidades arde a fuego lento en los fogones de ‘Masterchef’. El mamoneo de las balanzas fiscales, del cupo vasco y del concierto navarro, como los sueños goyescos de la razón, producen monstruos. ¡Cuánto daño ha hecho a la flora intestinal el “café para todos” de Fernando Abril que tanto subidón provocó a Clavero Arévalo y Adolfo Suárez! Ni justa, ni equitativa, ni solidaria. Sencillamente infumable. Café amargo de achicoria. España en sí seguirá siendo un Estado inviable hasta que no se supedite el reparto del botín a los principios. Las batallas que no se ganan, se pierden. Se ultiman los preparativos para el estreno de ‘Los Miserables’ en Barcelona, con el ‘Concordia’ rumbo a su último puerto de destino, el cementerio del desguace, toda una premonición. Sube el telón. Aparecen Arturo y Mariano encaramados a la tabla de surf surcando la cresta de la ola de calor y subyugados por la estética retro de los Beach Boys. Trobada de habaneras. Los hay tan cerrados de mollera, que ni la farola del mar es capaz de alumbrarles el entendimiento para que afloren las ideas. Resulta que los mendas han organizado una quedada en Moncloa para tomarse un refrigerio el penúltimo de julio, con el meyba-tanga puesto marcando paquete, la riñonera atiborrada de habanos de Fidel, el pañuelo de cuatro nudos embutido en la molondra para resguardarse de una insolación traicionera de las que obnubilan las entendederas y la jodida goma de las gafas de buzo haciendo marca en las orejas y remarcando las ojeras del poder insomne, el uno con una chancla en el chiringuito de la Barceloneta y el otro con las sandalias del peregrino en la fragua mágica de Cecebre donde vive Fendetestas. Abres la caja negra con la grabación de la cita en el radiocasete y sólo se escucha el silencio roto por el fritanga de las interferencias de la señal de radio interceptada por los aguerridos servicios de espionaje de la Cuesta de las Perdices, donde el CNI que lo fue del célebre agente Paesa, el mismo que pagó su propia esquela mortuoria para simular su muerte, en el cruce de caminos entre la carretera de la Coruña, la de Castilla y la de Aravaca, donde franquistas y rojos, nacionales y republicanos, desgraciados todos a partes iguales, unos más que otros y viceversa, se dieron de hostias que ni te cuento, por lo que cuentan, pues no presencié los hechos, hasta caer rendidos de puro agotamiento, con la 5ª Bandera de la Legión entre medias del campo de batalla, metidos sin querer en una guerra que no era la suya, ni la de Mambrú, ni la de las galaxias de Jorge Lucas, ni la de nadie, y sin saber muy bien por qué bando decantarse. Qué buen hubiese escrito Rafael Azcona para una película de Berlanga, como aquella que aconteció en una trinchera del imaginario Frente de Aragón, donde el brigada Castro (Alfredo Landa) y el teniente Broseta (José Sacristán) pusieron en riesgo sus vidas para secuestrar una vaquilla con la que poder organizar una capea de reconciliación, que a lo que se ve todavía está por celebrar. ‘El secreto de Anacleto’. Flight recorder. Do not open! Rajoy y Mas no han quedado para hablar y entenderse, porque ambos tienen otitis y están algo sorderas para lo que les interesa, mayormente Arturito, que ni oye ni escucha, ni a lo que se ve carbura, que de las tres es sin duda la peor desgracia; sino para visionar juntos ‘El planeta de los simios’, mientras se ponen hasta el cejamen de ‘Banana Mama’, ese jarabe que está haciendo furor en las playas del Caribe, porque sabe a brisa y evoca el movimiento de los cocoteros, tal cual si fueran las maracas de Machín o los cojones cimbreantes del caballo de Espartero, que los tiene que tener cocidos el pobre, del solanero que está cayendo a esta hora a esa altura de la calle de Alcalá, justo enfrente de la puerta del Retiro, que en otros tiempos fue cañada real frecuentada por borregos y por los cabestros que iban de camino a la Monumental de Las Ventas. Muy listo tampoco tengo que ser para perder el hilo como lo he hecho, extraviado entre las oraciones subordinadas. Así que, a lo que iba, que ya me acuerdo. A nadie se le ocurrió aventurar que se sucederían las escenas de tocamientos impúdicos, como en San Fermín o en Magaluf. Pero de ahí a quedar pa-ná, tiene menos pase todavía. Día llegará que, ante un eventual referendo, Catalonia se independizará de España por decisión expresa de los españoles, no por el empeño del cantonalismo catalonide. Alguien debería proponer la inclusión de un artículo en el libreto constitucional que regule el supuesto de la expulsión patriótica, antes de que se abra el melón de la sobrevalorada Carta Magna sin saber muy bien si habrá tajadas para todos, a la vista de la impúdica orgía en la que han convertido las balanzas fiscales todos los gobiernos de la democracia. Cuánto mejor nos iría si muchos caudillos de opereta bufa, en lugar de besarse tanto el escudo con las babas, se dedicaran a sudar más la camiseta. El Libertador de las Ramblas, más engreído que Schopenhauer, sigue sin encajar la decepción que ha supuesto que Hugo Boss haya preferido a Gerard Butler como imagen de marca; aunque si Tarantino ha conquistado el corazón de Uma Thurman, todo es posible, hasta inclusive un ataque de cordura. Pero mientras que las marionetas de Oriol Pujol (Anson dixi) se sigan preguntando por qué las ‘apps’ llegan primero al IPhone, o cuál es el motivo de las erecciones matutinas…, nada bueno podemos esperar de la cita a ciegas. Les iría mucho mejor si se registrasen en ‘eDarling’. Ya no hay público para tanto concierto, ni parroquiano que lo aguante. Batman el Justiciero cumple 75 años; y ya no está el abuelo para tantos vuelos, ni Mariah Carey es la misma persona con ‘Photoshop’ y sin ‘Photoshop’, aunque se pase el día y la noche saltando sobre los escenarios como el canguro de Orange, en el vano intento de disimular que por ella no pasan los años. Si lo sabré yo, que acabo de cumplir cincuenta, y según el joven Pedro Sánchez ya soy poco menos que un deshecho. Al menos no soy un «paquete» jugando al baloncesto, que a decir de Alfonso Reyes es lo que era el ‘pet boy’ de Susana Díaz. «Me comparan con Susana Díaz. Tiene cojones, con lo fea que es», dice, cabreada como una mona, la mona lideresa de UGT Andalucía Carmen Castilla, que aun estando como un queso, parece haberse propuesto tener el cacumen vacío como un gruyer, de leche de vaca y cuajo. La culpa no la tiene el empedrado, sino este bestiario de frivolité donde el más listo sólo alcanza a preguntarse dónde puede conseguir el mejor moreno, si en la playa o en la piscina, y si es bueno para la piel ducharse todos los días. ¡Qué nivel! Nuestra clase política sufre el síndrome de Ferrari, que no sabe si agotar las escasas posibilidades de parchear el coche de esta temporada para evitar completar un campeonato haciendo el ridículo, o ponerse a trabajar ya en el bólido del año que viene. Ojalá que llueva café, como canta Juan Luis Guerra. Nos están dejando sin dioses terrenales en los que creer. Si una yegua de la reina Isabel II ha dado positivo en un control antidopaje, es que ya no nos podemos fiar de nadie. Antes de que saquen a subasta el piano de Casablanca, por el amor de Dios, Sam, tócala otra vez, para que no se escuche mi llanto.
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